¿Se aprecian los neumáticos del tren? Disculpas por la baja calidad de la foto.
Efectivamente, ¡esas ruedas son de auto!.
En realidad no, esas ruedas son de tren. Ocurre que existen trenes que utilizan un sistema híbrido entre las ruedas de acero y los neumáticos como los de un camión o automóvil. Desde ya que no lo sabía en ese momento, pero luego de investigar un poco me saqué algunas dudas.
En principio funcionan como cualquier tren. Además de los neumáticos, que circulan por una banquina de hormigón (en el caso del metro de Santiago), tienen otro juego de ruedas de acero que circulan por una riel estándar y sirven para cuando es necesario hacer maniobras como cambios de vía o guiar al tren en curvas (el conductor no necesita doblar, desde ya).
Acá se ven las dos banquinas de hormigón del lado exterior de los rieles.
¿Qué sentido tiene usar esta tecnología? Según se explica en Wikipedia, el uso de neumáticos mejora los tiempos de aceleración y reduce los tiempos de frenado. Así como también permite superar mayores pendientes que si se utilizaran ruedas de acero únicamente.
Quizás la alta frecuencia con la que circulan los trenes, menos de 1 minuto entre una formación y otra, tenga que ver con estas ventajas.
El detalle de las ruedas de una formación.
Y como desventajas, porque no todo es positivo, hacen mucho ruido por el alto rozamiento (lo comprobé), consumen más energía (también por el mayor rozamiento) y otros puntos más que no es objetivo de este blog analizar.
La idea se desarrolló luego del final de la Segunda Guerra Mundial, en París, como una forma de recomponer el deteriorado metro de la ciudad. El trabajo fue realizado por Michelin, proveyendo neumáticos, y Renault, aportando los vehículos.
Por último, un video que grabé para mostrar la frecuencia del metro.
Update:
En este mismo video me dejaron un comentario explicando que el sistema que permite una alta frecuencia en el metro se llama CBTC (Communications-Based Train Control o en español Control de Trenes Basado en Comunicaciones). Quien quiera profundizar sobre este tema siempre tiene disponible a Google o a Wikipedia, que justamente tiene un articulo al respecto: https://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_CBTC
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La idea de hacer las vacaciones en auto surgió varios meses antes, recordando el Road Trip de 2013 por Tucumán, Salta, Jujuy y Atacama (Chile) que nos dejó hermosos recuerdos luego de más de 5000 km de ruta. Esta vez, no llegaríamos tan al norte, pero también cruzaríamos a Chile. Y un detalle de suma importancia. A diferencia del 2013, esta vez nos acompañó nuestro hijo Thomy de dos años y medio.
Si bien no era lo primero en lo que pensamos, con el correr de los días nos gustó la idea de conocer el Parque Nacional Talampaya en La Rioja y el Parque Ischigualasto o Valle de la Luna en San Juan. También sabíamos que íbamos a cruzar a Chile y como se acercaba el verano pensamos en la posibilidad de conocer una playa. Ademas, recordando el viaje al NOA de 2013, quería ir a lugares de alta montaña para ver sus paisajes y, dentro de los posible, pasar una noche allí para disfrutar de sus increíbles cielos limpios y llenos de estrellas.
Mi forma de planificar los viajes consiste en determinar puntos de interés y a partir de ellos pensar como llegar y que hacer luego. Así que, como siempre, partí de una idea inicial y con la ayuda entre otros de Google Earth, Tripadvisor, Booking.com y Wikipedia fui buscando localidades y puntos de interés, así como también los pasos fronterizos por dónde pasaríamos de ida y de vuelta al vecino país del otro lado de Los Andes. Las webs de Gendarmería Nacional Argentina, Vialidad Nacional y su consulta de estado de rutas y Pasos Fronterizos (de Chile), fueron de mucha ayuda a la hora de evaluar opciones.
Ya tenía una lista mas o menos armada de lo que quería:
A partir de esas «semillas» había que elaborar todo el recorrido de este viaje. Buscando información sobre Talampaya encontré que se podían hacer visitas nocturnas con Luna llena, así que busqué un calendario lunar para saber cuando convendría estar allí de acuerdo a la fecha de la Luna llena. Ya tenía alguna certeza de fechas o al menos sabía cuando tendría que estar en esa zona.
Decidimos que Talampaya/Ischigualasto serían los primeros destinos, pero saliendo desde Buenos Aires estaban a una distancia mayor a la que queríamos hacer en un día, considerando que íbamos con nuestro pequeño. El siguiente paso fue buscar un destino intermedio donde hacer una escala y, de paso, conocerlo. Por cierto, si tengo que hacer escalas en un viaje en auto siempre elijo lugares que me puedan interesar, incluso aunque tenga que desviarme un poco del camino original.
Después de evaluar varias localidades decidí que Villa Carlos Paz sería una buena opción. Saliendo temprano (alrededor de las 08:00 hs) desde Buenos Aires llegaríamos a media tarde y nos quedaría algo de tiempo para caminar un poco por el centro de esta ciudad que no conocíamos. Y al día siguiente saldríamos hacia nuestro destino siguiente.
Dicho y hecho, salimos a las 08:00 hs de un lunes 10 de octubre y pasadas las 16:00 hs. estabamos llegando a Villa Carlos Paz. Nos alojamos en el Hotel Capvio, el cual no nos gustó en absoluto, pero como era solo para pasar la noche y era nuestro primer día no le dimos demasiado importancia.
Al día siguiente salimos rumbo a Pagancillo, en La Rioja, localidad que en mi opinión es un buen lugar para quedarse al visitar los parques Talampaya e Ischigualasto tal como describo en este otro post.
El Cucú de Villa Carlos Paz.
Antes de salir de Villa Carlos Paz pasamos a tomar la clásica foto con el Cucú. Debo decir que Carlos Paz no me pareció un lugar muy interesante, entiendo de su importancia turística pero me parece casi imposible que lo elija mas que para hacer escala en un viaje mas largo. Y ahora que ya lo conozco, quizás ni siquiera eso.
Para ir hacia Pagancillo elegimos la ruta que pasa por el Camino de las Cien Curvas. Esta ruta no es la más corta, pero serpentea bordeando el Lago San Roque y ofrece lindas vistas del mismo, al final se llega al Dique San Roque desde donde continuamos por el camino que pasa por Santa Maria de Punilla, Cosquín, La Falda, etc.
Todo este tramo es bastante lento porque hay una sucesión de localidades y la ruta siempre las cruza por el medio en vez de bordearlas. Cuestiones a mejorar en lo que a infraestructura vial se refiere.
Dejando atrás a Cordoba y ya en La Rioja llegamos a Pagancillo. Nos alojamos en la Posada Talampaya, que se ubica junto a la ruta 76 apenas fuera del pueblo. Si bien Pagancillo es una localidad mínima, me gustó mucho quedarme allí. La tranquilidad y paz que se respira es absoluta y además queda cerca de los parques y de Villa Unión, una localidad bastante mas grande que ofrece mas opciones de gastronomía, alojamiento y servicios.
No hay demasiado movimiento en la noche de Pagancillo. Perfecto.
La primera noche comimos en el restaurante «El Diego«. La segunda noche fuimos a Villa Unión, al restaurante «La Palmera» y las otras dos noches nuevamente en Pagancillo, en «La Cuchilla«. Lugar este último muy recomendable (también los otros resultaron buenos).
Muy buena la comida y excelentes precios en «La Cuchilla», Pagancillo.
Mario, el dueño de la Posada Talampaya, nos recomendó visitar primero el Valle de la Luna y luego Talampaya. De acuerdo a su opinión, este último es mas imponente y conocerlo primero haría palidecer al Valle de la Luna. Así que al día siguiente de nuestra llegada a Pagancillo tomamos ese consejo y fuimos al Parque Provincial Ischigualasto, también conocido como Valle de la Luna.
En el Centro de Interpretación del Parque Ischigualasto.
Nuestra visita a esta zona tenia una razón de ser, entre otras. Coincidía con una de las noches en que había Luna llena. ¿Qué tiene de particular eso? bueno, mi intención era visitar el Parque Talampaya haciendo la excursión nocturna con Luna llena. Esta excursión se hace 5 días por mes, la noche de Luna llena plena y las dos noches anteriores y posteriores. Había hecho coincidir nuestro viaje con una de esas noches. Estaba todo planeado.
Previo al viaje me había contactado via mail con la empresa Runacay, la que realiza las excursiones nocturnas, y me habían pasado toda la información al respecto. Una vez en Pagancillo intenté comunicarme con ellos pero me resultó imposible, tanto en los teléfonos como personalmente en sus oficinas de Villa Unión (siempre cerradas). Por la tarde del día anterior en el que quería hacer la excursión logre hablar con ellos.
Esto es lo poco que veríamos del Parque Talampaya.
Grande fue mi sorpresa cuando me dijeron que habían suspendido las excursiones nocturnas en esa fecha porque no habían logrado reunir el cupo mínimo de personas para llevarlas a cabo. Increíble. Desconozco como se maneja la contratación de excursiones en estos casos, pero había programado todo el viaje para estar en Talampaya en una determinada fecha y me encuentro con esta noticia. Demás está decir que no pudimos hacer la excursión. Y de hecho tampoco visitamos Talampaya, ni de noche ni de día.
Pasada la mala experiencia, al di siguiente, atravesamos la Cuesta de Miranda para llegar a Chilecito y conocer esta ciudad. La Cuesta de Miranda es un tramo de la ruta 40 que cruza un cordón montañoso y comunica Villa Unión con Nonogasta y Chilecito. Hermosas vistas y paisajes en un viaje de no mas de dos horas.
El fin del ascenso a la Cuesta de Miranda rumbo a Chilecito.
El Cristo del Portezuelo en Chilecito.
A la vuelta desde Chilecito, lo impensado. Mientras descendíamos la Cuesta de Miranda rumbo a Pagancillo se rompió el cable del embrague del auto. O al menos eso pensé cuando quedó flojo el pedal. Como resultado, y después de varios intentos, logré colocar 2° marcha y así regresamos a nuestro alojamiento. Por supuesto, luego de dos horas de circular a 35 km/h.
Vista desde la Cuesta de Miranda.
Ya en Pagancillo intentamos resolver el problema, contactamos gente, nos recomendaron mecánicos en Villa Unión, casas de repuestos, etc. Compre un cable que no era el que iba. Compre otro que tampoco servía. ¿El resultado? el cable no estaba roto. Probablemente estaba «deshilachado» y por momentos se trababa dejando al pedal flojo e imposibilitando pasar las marchas. Ante la imposibilidad de cambiarlo me recomendaron colocar WD-40 en la vaina por donde pasa el cable. De esa forma, al menos por momentos, se solucionaba el problema.
Y así fue como continuamos viaje. Dos o tres veces por día colocando WD-40 en el cable de embrague. Nunca se me pasó la cabeza finalizar el viaje. De hecho, pensé que en algún momento daría con un taller grande que me solucione el problema correctamente.
Luego de Pagancillo nuevamente cruzamos por la Cuesta de Miranda, pero esta vez nuestro destino estaba mas al norte y mas lejos. Ibamos a Cortaderas, en Catamarca. La idea era alojarnos en el Hotel Cortaderas, un lugar al que sin problemas puedo definir como fascinante. Y hablo tanto del hotel como del entorno. Eso si, antes de salir de Pagancillo le pedí a Mario, de la Posada Talampaya, un par de metros de alambre para llevar en el auto. En caso de que definitivamente quedara fuera de servicio, utilizaría el alambre para agarrar el actuador del embrague y accionarlo con la mano por fuera del auto. Una locura.
Afortunadamente no fue necesario. Pasamos nuevamente por Chilecito y continuamos por la ruta 40 hacia el norte. A poco de salir de la ciudad la ruta se abre hacia la izquierda mientras que hacia la derecha sale la ruta N° 11. De haberla tomado nos hubiéramos ahorrado varios kilómetros, pero nos dijeron que no estaba en buen estado y con nuestro embrague en terapia intensiva no estábamos para arriesgarnos a cosas raras.
Pasamos por Pituil, una pequeñísima localidad que me sorprendió por tener wifi gratuito en su plaza principal. Lento como una conexión dial up, pero wifi gratis al fin. Hicimos allí una parada rápida para comer unos sandwiches que ya teníamos preparados y continuamos viaje.
En la plaza de Pituil.
La Iglesia de Pituil frente a la plaza.
El camino se hace largo hasta llegar a Tinogasta, con multitud de pequeñas localidades intermedias y, para complicar las cosas, con un tramo de unos 20/30 km de ruta de ripio. Finalmente llegamos a Fiambalá con el tanque de nafta (de gasoil, en realidad) con algo mas de la mitad de carga. Como el plan era cruzar a Chile por el paso de San Francisco, lo mejor era ir con el tanque lleno. Así que ingresamos a Fiambala hasta una estación de servicio. Nos dijeron que hacía poco había vuelto la luz a la ciudad luego de un corte general y que no sabían si los surtidores iban a funcionar, pero sí, funcionaron. Un detalle, luego de pagar y salir de Fiambalá, ya en la ruta, me di cuenta que el tanque de gasoil seguía marcando algo mas de la mitad. Es decir, no me habían cargado nada. Efectivamente los surtidores no andaban, a pesar de que había pagado por el combustible. Ya no iba a volver.
Lo bueno de los autos diesel es la autonomía y lo que tenía me alcanzaba para llegar a Chile (bastante ajustadamente por cierto).
Finalmente luego de cruzar los hermosos paisajes que ofrece la ruta y cuando el sol comenzaba a desaparecer llegamos al Hotel Cortaderas. No había nadie además de las dos personas que lo atendían, eramos los únicos huéspedes. Esa noche comimos muy bien y salí, luego de que Thomy se durmió, a sacar fotos en la medianoche cordillerana. Una inolvidable experiencia.
Caminando junto al embalse de Cortaderas.
Nos quedamos dos noches allí, a 3400 metros sobre el nivel del mar. Al día siguiente caminamos por los alrededores, sacamos fotos, miramos a las aves del pequeño embalse y nos apunamos un poco. Thomy, en cambio, pareció no sentirlo. Corría y saltaba como si nada.
La ruta 60 y el embalse vistos desde el Hotel Cortaderas.
Llegado el momento de abandonar Cortaderas, apliqué WD-40 a la vaina del embrague como era ya habitual y partimos rumbo al cruce de Los Andes pasando por la Ruta de los Seismiles. Ese nombre se debe a que es una zona rodeada de picos que superan los 6000 metros de altura. Algunos de ellos ostentan records, como el Nevado Ojos del Salado que con casi 6900 metros de altura es el volcán mas alto del mundo. Los paisajes acá son maravillosos, no puedo otra palabra que lo describa mejor. En algunos tramos pareciera que estamos rodeados de colinas bajas, pero eso se explica porque ya estamos a 4000 metros de altura y esas «colinas» en realidad pueden superar los 4500 metros o más.
A 4000 metros de altura, la ruta 60 a unos 100 km. del Paso de San Francisco.
Cuando estábamos a mitad de camino de llegar al Paso de San Francisco, lo inesperado. Un automóvil viniendo de frente hace indicaciones para que paremos. Nos acercamos a ellos y nos dicen que están volviendo de la frontera porque cerraron el cruce internacional debido a fuertes tormentas del lado chileno. No puedo creer que esté sucediendo esto.
Lo pensamos pocos segundos y no tenia sentido hacer nada más que no sea regresar. ¿Pero regresar a donde? ¡Teníamos reservas en la costa chilena!. De regreso, paramos en el Hotel Cortaderas, ellos no sabían nada del estado del cruce fronterizo. Decidimos ir a Fiambalá y quedarnos allí esperando la reapertura del Paso San Francisco.
Como no teníamos reservas, buscamos hotel al llegar a la ciudad. Terminamos alojándonos en la Hosteria Municipal de Fiambalá (el hotel recomendado en Tripadvisor estaba cerrado y el otro con buenas calificaciones también parecía estarlo).
Al día siguiente envié un mensaje por Twitter a la cuenta del paso fronterizo del lado chileno (@CFSanFrancisco1) y me respondieron que estimaban al menos dos días mas de interrupción en el cruce. Nuestra aventura en Catamarca llegaba a su fin, no podíamos esperar tanto y sin la certeza de luego poder cruzar. Cancelé por Whatsapp nuestra reserva en Bahía Inglesa, Caldera (una pequeña localidad costera del norte de Chile) y, afortunadamente, el dueño del lugar nos reintegro la totalidad de lo que habíamos pagado. Para quien esté interesado, el lugar se llama Casas en Bahía Inglesa.
No era exagerado el asunto de la tormenta. Incluso Fiambalá estaba completamente rodeada de nubes de polvo generadas por los intensos vientos. No se veían las montañas vecinas y nos comentaron que se había interrumpido parcialmente el acceso a internet por la caída de una antena (que esto sea verdad o no quedará eternamente en duda).
Además de Caldera, teníamos pensado ir a Viña del Mar. Y ya teníamos la reserva de hotel allí, así que de alguna forma teníamos que llegar. Desde Fiambalá podíamos ir al norte, cruzando por el Paso de Jama o de Sico; o ir al sur y cruzar por Mendoza. El norte quedó descartado por distancia, así que nos dirigimos hacia Mendoza. No íbamos a poder hacer el viaje en un solo día, por lo que pensamos parar en San Juan como escala intermedia.
Volviendo hacia el sur pasamos nuevamente por la Ruta del Adobe (siempre en Catamarca), pero esta vez quise al menos pasar por uno de sus varios puntos icónicos. Así fue que ingresamos a la Iglesia Nuestra Señora de Andacollo. Hubiese sido mas lindo visitar mas tranquilos la Ruta del Adobe, pero no pudo darse esta vez.
Nuestra Señora de Andacollo.
Una de las paradas de la Ruta del Adobe en Catamarca.
En vez de repetir el camino que habíamos hecho para llegar hasta Catamarca, tomamos la ruta que pasa por la ciudad de La Rioja. Previo a eso, en Aimogasta paramos en una estación de servicio y como la ruta se divide en dos y ambas llegan a La Rioja consulté:
-Disculpá, ¿para La Rioja que me conviene? ¿Sigo por la ruta 9 o por la 75?
-Mirá, la ruta 9 es un poco mas directa y rápida, pero la 75 tiene mejor paisaje.
No se diga más, vamos por la 75.
La ruta 75 nos llevó en un principio por paisajes no tan encantadores, pero cruzamos la localidad de Anillaco, cuna de un conocido ex presidente argentino y no pudimos evitar entrar a conocer. La visita fue breve, no hay mucho para conocer en Anillaco.
Montañas con topping de nubes cerca de Sanagasta.
Mas adelante, en los últimos 50 o 60 km antes de La Rioja el paisaje se puso mucho mas lindo y, sin saberlo de antemano, pasamos por el Parque de Dinosaurios de Sanagasta. Obviamente, y sin importar si era tarde o no, decidimos conocerlo para que Thomy vea dinosaurios y de paso estire un poco las piernas.
El ingreso al Parque de Dinosaurios de Sanagasta.
Luego de pasar La Rioja cruzamos nuevamente por la zona del Parque Ischigualasto y bajamos por el hermoso tramo escénico de la ruta 150 hasta su confluencia con la ruta 40 en San José de Jachal. Alrededor de las 21 hs llegamos a San Juan. No teníamos reservas, pero sí habíamos consultado telefónicamente el precio y la disponibilidad en el Gran Hotel Provincial. Había lugar y el precio estaba bien, así que pasamos la noche allí.
Al día siguiente salimos temprano y pensé que estando en una ciudad grande podría pasar por un taller oficial de Peugeot para que me resuelvan el problema del embrague y evitar la angustia del WD-40 y no saber si me iba a quedar sin auto en el medio de la montaña (aún faltaba cruzar a Chile). Así que luego de buscar en la web de Peugeot un taller en San Juan, nos dirigimos a Peugeot Boulevard París, una concesionaria ubicada cerca del centro.
Comenté en el taller mi problema, que venía desde Catamarca, que estaba de viaje con mi familia, que tenía que ir a Chile y que necesitaba cambiar el cable del embrague. Luego de esperar unos segundos a que consulten con el jefe de taller me respondieron que no podían ver mi auto en ese momento, debería dejárselos para que le hagan un chequeo y este podría demorar hasta 3 días.
Muchas gracias chicos de Peugeot Boulevard París por la no ayuda, para un mecánico era un trabajo de media hora como máximo.
Así como llegamos nos fuimos rumbo a Mendoza a cruzar por el Paso Cristo Redentor, WD-40 en mano, a Chile.
Complejo fronterizo Cristo Redentor (lado chileno).
No hay tanta distancia desde San Juan, pero el camino se hace lento por el trafico y mas aún luego de pasar la ciudad de Mendoza. El intenso tráfico de camiones sumado a las pronunciadas pendientes de la ruta trepando la Cordillera hace que los kilómetros transcurran lentamente. Eso si, el paisaje es fantástico.
¡El embrague no nos detuvo!
La Cuesta Caracoles no se llama «caracoles» por nada.
Llegamos al control fronterizo a las 16:00 y los tramites demoraron alrededor de una hora. Para las 17:00 hs estábamos bajando por la sinuosa Cuesta Caracoles. A Santiago llegamos un par de horas mas tarde, cuando comenzaba a caer la noche.
Camiones everywhere.
No estaba en los planes quedarnos en Santiago en principio, pero al suspender Caldera nos sobraban dos días y pensamos pasarlos conociendo la capital chilena. Teníamos solo una referencia de hotel en la zona de Las Condes y hacia allí fuimos.
Primer problema, imposible parar el auto para bajar al hotel. ¿Dónde paran los autos en esta zona?. Salvado el problema, entro al hotel, pregunto en recepcion y el horror: «No hay lugar«. Bien, a poca distancia había otro hotel. Voy caminando, entro, pregunto en recepción: «no hay lugar«.
Subo al auto, busco un lugar donde dejarlo y encuentro un callejon sin tráfico. Estaciono y dejo ahí a Natalia y Thomy esperando mientras camino buscando hotel. Entro al Ibis, consulto: «no hay lugar«. Horror.
Pregunté si había otros Ibis en la ciudad, me dicen que si y me ofrecen llamar para consultar disponibilidad. La recepcionista llama a los otros dos hoteles y en ambos la misma respuesta: «No hay lugar«.
¿Que pasó? En el mismo hotel me cuentan que en esos días había una convención de quién sabe qué y por eso estaban agotadas las plazas hoteleras.
Camino hacia el Best Western, misma respuesta. Camino hacia otro hotel cuyo nombre olvidé: «No hay lugar«.
Eran las 21:00 hs. y aún no teníamos donde quedarnos. Así que decidí que lo mejor sería ir a comer a algún lugar donde hubiese wifi y desde ahí buscar hotel por internet. Dicho y hecho, fuimos a Parque Arauco, nos sentamos a comer y mientras tanto busqué hoteles con disponibilidad en Despegar.com y en Booking.com.
La Torre Costanera Center.
Terminamos de comer y fuimos al primero de la lista, Meridiano Sur Petit Hotel. Entramos, consultamos precio y disponibilidad. Era muy caro para nuestro gusto, pero había lugar. Salimos, lo charlamos y siendo las 23:00 hs cerramos los ojos y aceptamos pagar el precio por conseguir hotel.
Una de las vistas desde el mirador de la Torre Costanera Center.
Moraleja: aunque ya lo tenía claro de antes, al menos para mi, no es buena idea buscar hotel en el momento de llegar a una ciudad.
El interior del Palacio de la Moneda.
En Santiago pasamos dos días, recorrimos el centro, el Palacio de la Moneda, el Costanera Center (con subida a la torre incluida) y descubrí que hay trenes cuyas ruedas no son de acero si no de caucho, como las de los autos. Bueno, también tienen ruedas de acero, pero usan las de caucho para traccionar. Según investigué luego, de esta forma ganan aceleración y frenado. Y es verdad, estos trenes ganan velocidad muy rápidamente. Esto lo ví en la linea 1 del metro de Santiago. Suelo fijarme en este tipo de detalles.
La línea roja y las ruedas de caucho de los trenes.
Imposible dejar de lado una anécdota. Mientras estábamos en Santiago nos enteramos que íbamos a ser padres nuevamente. Así que a partir de acá, además de sacar fotos, ¡había que elegir un nombre! Nuestro siguiente viaje sería de a cuatro…
Nuestro siguiente destino era Viña del Mar. Viña se encuentra a poca distancia de Santiago, se puede visitar en el día incluso. Ya teníamos reservada una habitación en el Best Western Marina del Rey, hotel que resultó el mejor de este viaje.
Viña del Mar.
Antes de viajar había leído calificativos que referían a Viña del Mar como la Punta del Este chilena. La verdad es que no me parecieron comparables, en mi opinión Punta del Este está varios escalones por encima de Viña.
El Metro Valparaíso, que conecta Valparaíso con Viña del Mar y otras localidades.
Vista desde uno de los ascensores de Valparaíso.
Desde Viña conocimos Valparaíso, viajando en el tren que conecta ambas ciudades. Valparaíso es una ciudad muy pintoresca que invita a recorrer sus calles caminando y perderse en sus recovecos. Conocimos el Cerro Alegre y utilizamos uno de los clásicos ascensores.
Una ventana que conoció mejores épocas en Valparaíso.
Valparaíso.
Valparaíso.
Otro día nos fuimos en auto a la playa Laguna Verde, al sur de Valparaiso. La playa estaba vacía y en lugar de ser de arena (a lo que estamos acostumbrados en las playas argentinas) era de pequeñas piedras (grava).
No hay arena en la playa Laguna Verde. Solo esto.
No entramos al mar porque la temperatura no lo hacia muy tentador. Y como curiosidad, al remover un poco el piso de la orilla encontramos una sorpresa que se ve en el video siguiente.
En Viña del Mar aprovechamos para hacer algunas compras en el Mall Marina. Quizás la mejor compra haya sido la excelente freidora sin aceite Aifryer de Philips.
Finalizada la aventura chilena, dejamos Viña del Mar para volver a cruzar por el Paso Cristo Redentor y retornar a Buenos Aires. Por supuesto que es un viaje muy largo, así que teníamos planificado dormir en Mendoza. Ya estaba reservado el Hotel San Martín, en pleno centro de la ciudad, al que llegamos a las 20:00 hs aproximadamente. Nuevamente sufrimos el intenso tráfico de camiones sobre la cordillera y la demora en la aduana argentina.
Antes de todo eso, paramos cinco minutos previamente a llegar a la aduana argentina para jugar un rato con la nieve acumulada al costado de la ruta.
Nos vamos de Chile e ingresamos al Túnel del Cristo Redentor.
Pero como siempre intento hacer, no fue solo un viaje para ir de un punto a otro. Hicimos algo de «turismo». Pasamos por Puente del Inca, lugar que habiamos visitado diez años atrás en nuestra luna de miel. Solo que ahora llegamos con un intruso en medio.
Puente del Inca. La última vez habíamos sido dos. Ahora eramos tres y uno en camino.
Y también pasamos por el mirador del Aconcagua, donde me saqué una foto junto a Don José y aproveché para usar la aplicacion de realidad aumentada World Summit para identificar montañas.
Acá, con José frente al Aconcagua.
Poco para contar de Mendoza, llegamos de noche y nos fuimos a la mañana siguiente. Esa noche caminamos un poco por los alrededores de la Plaza Independencia buscando un lugar para comer y terminamos cenando en la parrilla «Estancia La Florencia«. Digamos que es un restaurante normal, la carne que pedimos no era la mejor del mundo, pero estaba bien. Los precios un poco altos, eso si. Pero en lineas generales un lugar normal para arriba. Saliendo de ahí y volviendo al hotel encontramos el escudo gigante que se ilumina en la Plaza Independencia por la noche.
El escudo de la Plaza Independencia en Mendoza.
Al día siguiente, luego de desayunar, pasamos por los juegos de la Plaza Independencia (que está frente al hotel) para que Thomy aproveche los últimos momentos de vacaciones. Mas tarde y ya en la ruta quedé sorprendido por el hecho de que durante toda la extensión de la ruta 7 en Mendoza, hasta casi San Luis, la cordillera de Los Andes es visible a simple vista. Eso habla de su inmensidad.
A 100 km de la ciudad de Mendoza se ven Los Andes perfectamente.
Otro highlight del último tramo de nuestro viaje fue el cruce de la laguna La Picasa por la ruta 7. Hicimos varios kilometros por una ruta estrecha (de solo un carril por mano) completamente rodeada por agua. Y cuando digo rodeada me refiero a que el agua estaba a no mas de 2 metros de la calzada y sus limites se perdían en el horizonte.
Ya de noche, paramos en Junín a comer algo. Tengo que mencionar al parador «Posta Junín«. Parece traído de otro país. Desde la pulcritud de los baños hasta la estructura en sí misma de todo el lugar (que incluye restaurante, estación de servicio, hotel, etc) no son fáciles de encontrar en rutas argentinas.
Un excelente lugar para parar. Esperemos que tenga buena manutención.
Y dejé para el final el experimento de la presión. Resulta que la presión atmosférica disminuye conforme vamos ascendiendo debido a que literalmente hay menos aire sobre nosotros que nos oprime. Una forma divertida (sí, divertida) de mostrarlo es abrir una botella plástica vacía para que su interior «se llene» con la presión de aire del lugar donde estamos. Luego la cerramos herméticamente y manteniéndola así ascendemos o descendemos.
Under pressure.
En este caso cerré la botella justo después de cruzar el Paso Cristo Redentor, es decir a unos 3000 metros sobre el nivel del mar. Dentro de la botella la presión del aire es la misma que en ese lugar. Luego, al regresar al nivel del mar en Buenos Aires, el resultado es el de la foto. ¿Por qué? Bueno, dentro de la botella la presión es la misma que en la montaña (baja), pero fuera de la botella la presión es alta. Entonces la presión exterior vence a la interior y estruja la botella.
¿Que pasaría si en vez de bajar estuviesemos subiendo? El resultado sería inverso. La presión dentro de la botella sería mayor que la presión del ambiente, entonces se inflaría como un globo. Ok, no tanto como un globo, pero sería muy notorio que la botella está «inflada».
Datos globales de este Road Trip en la computadora del auto.
El recorrido total del viaje.
El Road Trip 2016 finalizó un 27 de octubre a las 02:30 hs, cuando llegamos a casa. Luego de 16 días, 8 hoteles, 2 países, un total de alrededor de 5400 kilómetros recorridos a 67 km/h de promedio y con un consumo total de 329 litros de gasoil.
Nuestro próximo viaje nos encontrará siendo más numerosos.
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Nos vamos rumbo al este, hacia el cruce de los Andes pensando en llegar temprano a Mendoza donde dormiremos para, al día siguiente, regresar a Buenos Aires. La ruta desde Viña del Mar hasta el paso fronterizo Cristo Redentor es algo intrincada, aunque con bastante autopista, y el último tramo se hace un bastante tedioso. Para complicar las cosas, el ingreso a Argentina incluye el también tedioso paso por la aduana.
No traíamos muchas cosas, de hecho casi nada. Una notebook convertible, un horno eléctrico para regalar y una Airfryer (la freidora sin aceite de Philips). En la aduana no nos preguntaron si traíamos algo, directamente nos pidieron los comprobantes de lo que habíamos comprado incluso antes de revisar el auto. Mostramos comprobantes y como no superábamos la franquicia seguimos camino.
El descenso desde la frontera hasta la ciudad de Mendoza se hace largo, principalmente por el trafico de camiones, y se nos cae la noche encima en los últimos 80/100 km. Finalmente llegamos al centro de la ciudad para alojarnos en el hotel San Martín, justo frente a la Plaza Independencia. Lo habíamos reservado previamente, como siempre hacemos con el alojamiento, a través de Despegar.com. A continuación la crítica del hotel.
Web: http://hotelsanmartinmendoza.business.site/
Dirección: Espejo 5500, Mendoza, Argentina.
Habitación triple con desayuno a u$s 88 por noche (estuvimos solo una).
Si algo no se puede discutir de este hotel es su ubicación céntrica. Mirando hacia la Plaza Independencia y en plena zona comercial de la ciudad.
Desde el hotel se puede caminar no mas de 400 o 500 metros y llegar a casi cualquier comercio, restaurante o bar que se necesite, por lo que no hace falta casi utilizar el auto.
Si bien la zona es problemática para estacionar, el hotel tiene estacionamiento gratuito ubicado a 150 metros del mismo. Vale aclarar dos puntos importantes. Por un lado la comunicación entre el estacionamiento y el hotel es por la calle, es decir que el equipaje es conveniente bajarlo en la puerta del hotel y luego ir a estacionar. Y por otro lado, el estacionamiento no es privado del hotel, si no que es un lugar público.
Siendo un hotel de 3 estrellas tiene servicios acordes. Estacionamiento gratuito (fuera del hotel), wifi, desayuno y, según se publicita en su web, servicio a la habitación y pileta. No utilizamos el primero y no tuve oportunidad de ver la pileta.

El edificio se encuentra bastante bien mantenido, los espacios comunes son correctos y lo mismo los pasillos de las habitaciones.
El wifi es gratuito y tiene buena velocidad y cobertura en todo el hotel.
Nada para decir al respecto, la atención fue cordial durante las pocas horas que permanecimos alojados.
Nos asignaron una habitación ubicada en la planta baja, detrás de la recepción.
La habitación era muy sencilla, aunque correcta, y suficientemente amplia. Había dos camas, una de ellas tamaño «queen» y la otra de una plaza estándar. Ambas camas resultaron cómodas. Queda lugar para un placard y un escritorio amplio. Sobre este último se ubica una mini heladera (sin contenido de cortesía).

La habitación que nos tocó tenía una ventana que daba a un patio o pasillo interno, por lo que estuvo siempre cerrada.

Dentro de la habitación hay calefacción y aire acondicionado individual, ademas de televisor de 32″ y caja fuerte. Por estar lejos de la calle, no se filtraba ningún ruido.

El baño era correcto, quizás de aspecto mejorable, con secador de pelo y sin bañadera. Como siempre digo, un vidrio en lugar de una cortina para cubrir el espacio de la ducha hubiese sido mas elegante y limpio.
El desayuno estaba incluido en el precio y se sirve en el salón ubicado al frente del hotel con vista hacia la calle y la Plaza Independencia.

El servicio es del tipo continental con una variedad algo acotada dentro de lo normal (bebidas, infusiones, mermeladas, manteca, cereales) y, esto es una opinión subjetiva, de una calidad que no me convenció demasiado.

Según se publicita en la web del hotel, también hay servicio a la habitación. Desconozco cuales son las opciones de comidas para elegir en este caso.
Lo bueno:
-La ubicación es muy buena.
-Cochera sin cargo adicional.
-La habitación resultó cómoda al igual que las camas.
-Hay heladera en la habitación.
-Había wifi con buen alcance en la habitación y áreas comunes.
-El precio era bueno considerando otras opciones en la misma zona.
Lo malo:
-Si bien no puedo decir que estaba mal, el baño necesitaría un lavado de cara.
-El desayuno, en mi opinión, podría mejorarse dejando menos variedad pero aumentando su calidad.
-Un cerramiento de vidrio en vez de una cortina en la ducha quedaría mejor y sería mas cómodo.
-El estacionamiento, aunque gratuito y con vigilancia, se encuentra fuera del hotel.
Veredicto: necesitábamos un hotel para hacer escala por la noche en nuestro viaje desde Viña del Mar a Buenos Aires. Por eso no queríamos gastar demasiado. El hotel San Martín cumplió con este objetivo. Pudimos descansar bien y estábamos cerca de muchos comercios para ir a comer o hacer alguna compra. Probablemente no elegiría este hotel para una estadía mas prolongada.
Para quién si:
Quienes quieran alojarse en una zona céntrica y obteniendo una buena relación costo/beneficio con un ojo puesto en el precio bajo. Pasajeros que vayan en auto y puedan aprovechar el estacionamiento. Personas que, como nosotros, necesiten un hotel de paso para hacer escala en un viaje mas largo.
Para quién no:
Turistas en busca de un alojamiento con más servicios o que se hospeden varios días. No porque el hotel no sea bueno, si no que quizás se puede subir un poco de categoría gastando solo un poco más.
Como este itinerario surgió sobre la marcha por la cancelación del plan de cruzar a Chile por el Paso de San Francisco, tuve que ver en ese momento cual sería el mejor camino para ir a San Juan. De todos los posibles elegí seguir por la ruta 60 (la misma que pasa por Fiambalá) en dirección hacia La Rioja.
Al llegar a la localidad de Aimogasta, y viendo que había una bifurcación de la ruta 60, decidí consultar en una estación de servicio. Allí me contaron que el camino mas directo a La Rioja era continuar por la ruta 9 y luego la 38, pero que si en cambio iba por la ruta 75 ganaría en riqueza de paisajes a cambio de un viaje algo mas largo.
Siendo una persona que cree que el camino es tan interesante y disfrutable como el destino, la palabra «paisaje» me hizo decidir de inmediato hacer los kilómetros adicionales.
En este tramo de nuestro itinerario tuvimos la oportunidad de pasar de casualidad (no sabíamos que se encontraba de camino) por la localidad de Anillaco, origen de un conocido ex presidente de la Argentina. Solo por curiosidad ingresamos al pueblo. Contrariamente a lo que creía, es una localidad pequeña, llamativamente «despoblada» si se quiere. Es decir, esperaba encontrar un lugar más populoso, pero en cambio nos topamos con calles desiertas, casas muy espaciadas, grandes viñedos y poco más.
Saliendo de Anillaco y continuando por la ruta 75 y a unos 30 kilómetros de la ciudad de La Rioja llegamos al lugar que, después de la extensa y posiblemente aburrida introducción previa, es el que motivó este post.

Luego de una curva y mirando sin mirar nos dimos cuenta que la cabeza de un dinosaurio asomaba tras un cartel de bienvenida. Pensando en no atrasarnos, ya que nos quedaban casi 500 kilómetros por delante, seguimos avanzando en la ruta. Pero casi de inmediato nos dimos cuenta que darle un respiro a nuestro pequeño y llevarlo a ver más dinosaurios (ya había visto algunos en el Parque Nacional Ischigualasto) no podría nunca ser una mala idea.
Retomé el camino e ingresamos. En ese momento, al pasar por debajo del portal de ingreso, no pude evitar sentirme como el visitante de un Jurassic Park real (aunque bastante menos cinematográfico).
Luego del camino que lleva desde la ruta, se continúa por un sendero de tierra que, aunque transitable por cualquier tipo de vehículo, se encuentra en regular estado. Llegados al sector de ingreso, estacionamos y despertamos a nuestro pequeño pasajero que se había dormido desde hacía algún rato.
Quedarse con la boca abierta fue su primer reacción cuando, desde el mismo interior del auto y aún medio dormido, vio a una de las maquetas de dinosaurio expuestas. Por supuesto que bajó corriendo.
Los edificios que forman parte del parque
El ingreso al parque no es gratuito pero tiene un costo casi irrisorio. Si no recuerdo mal nos cobraron unos AR$ 30 por adulto (alrededor de u$s 2). Esta entrada habilita al uso de las instalaciones, el museo, las maquetas, etc. Hay también bar y auditorio. Desde este sector hay un gran balcón con una increíble vista hacia el resto del parque y su tierra mezcla de colores rojizos y las montañas.
Montañas con topping de nubes. Hermosas vistas desde el parque.
Hay ademas recorridos guiados que salen en horarios determinados y se hacen a pie. Ahora no tengo claro si se pagaba un adicional por realizarlos, pero si sé que había horarios específicos para hacerlos. Antes de visitar el parque es conveniente comunicarse para conocer mejor los horarios y la disponibilidad de estos recorridos. Cuando nosotros estuvimos allí eramos los únicos visitantes y no creo que se hagan las visitas si no se reúne una determinada cantidad de personas.
Los chicos, encantados.
Estos recorridos incluyen, entre otras aspectos educativos, visitas a distintas replicas, algunas de las cuales se pueden apreciar a lo lejos desde el sector de ingreso.
Para los mas chicos es una linda experiencia, los dinosaurios son un gran atractivo de los sub-6/7. En nuestro caso fue un plus hacer una parada para descansar y de paso que sea algo entretenido para nuestro hijo. Para los mas grandes, mas aún quienes se interesen por la paleontología, también puede resultar de gran interés. Los recorridos guiados no parecen muy aptos para los mas pequeños (nuestro hijo tiene 3 años), son un poco largos (no menos de 2 km) y es probable que los chicos se cansen rápidamente. Aunque depende de cada uno por supuesto.
El Parque de Dinosaurios se encuentra dentro del Parque Geológico Sanagasta, que tiene una extensión de alrededor de 850 hectáreas. Según leímos allí mismo, en esta zona se encontraron algunos años atrás nidos y huevos de dinosaurios. Esto dio origen a la investigación y actual apertura al público del lugar.
La vista desde el Parque de Dinosaurios.
En definitiva, el parque fue un lindo descubrimiento en medio de un largo viaje que prometía muy poco para nuestro pequeño pasajero del asiento de atrás.
A la fecha el único dato de contacto que tengo es el número de teléfono que aparece en Google: 0380 15-491-0238.
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El viaje desde Santiago a Viña es corto y transcurre casi en su totalidad por autopista. Demoramos no mas de una hora y media en llegar de una ciudad a la otra y estuvimos acompañados durante el viaje por un paisaje muy disfrutable.
Tal como escribí en el post de si conviene alojarse en Viña del Mar o en Valparaíso, decidimos ir a Viña y resultó ser una buena elección. En esta ciudad habíamos buscado alojamiento desde hacía algún tiempo atrás y pasamos por varias opciones, desde Airbnb hasta Booking y desde quedarnos en el centro o mas hacia la periferia.
Finalmente, y a pedido de mi mujer que a esta altura quería un alojamiento todo lo cómodo posible, optamos por quedarnos en el Best Western Marina del Rey que, sin ser un hotel barato, no se alejaba demasiado del promedio de la ciudad y tenía a priori una buena ubicación.
A continuación mi crítica sobre este hotel.
Octubre de 2016. Habitación triple con desayuno. Finalmente era una cuádruple (dos camas dobles king size, aparentemente no hay triples). u$s 130 por noche con desayuno incluido.
A solo unos 600 metros del reloj de flores, 500 del casino y situado sobre una avenida de mucho transito, la ubicación del hotel nos resultó muy conveniente. Se puede llegar caminando sin problemas a casi todos los puntos turísticos de la ciudad. Cerca del hotel hay supermercados, bancos, farmacias, etc.
La vista desde nuestra habitación no era particularmente pintoresca.
A 200 metros se encuentra la estación Miramar del metro, que comunica a Viña del Mar con Valparaíso en un viaje de alrededor de 20/30 minutos. La misma avenida donde se sitúa el Best Western es la que continúa por la costa hasta Valparaíso, por lo que muchos ómnibus que pasan por la puerta llegan a esta otra ciudad también.
Si bien la zona es problemática para estacionar, el hotel tiene estacionamiento cubierto.
Siendo un hotel de 4 estrellas tiene servicios acordes. Ascensor desde ya, estacionamiento cubierto, restaurante, servicio de lavanderia, wifi, etc. El edificio está muy bien mantenido, los espacios comunes son agradables y lo mismo los pasillos de las habitaciones. No hay pileta, pero si gimnasio.
Gimnasio para luego del abundante desayuno.
El estacionamiento cubierto es muy útil en esta zona.
El wifi es gratuito y tiene buena velocidad y cobertura en todo el hotel. Además (y esto no lo puedo confirmar porque no estoy seguro de que sean para eso) vi dos computadoras en la recepción que creo son para uso de los huéspedes. También cuenta con salas de reuniones y de fiestas. ¡Aunque esto último no es algo aprovechable turísticamente!.
Nada para decir al respecto, no tuvimos demasiado trato pero la atención fue cordial durante toda nuestra estadía.
Nos asignaron una habitación ubicada en el segundo piso. La habitación estaba más que bien, muy amplia, moderna y bien ambientada. Había dos camas tamaño king (2 metros x 2 metros), también muy cómodas. Y hay espacio para un placard muy grande y un escritorio.
Habitación muy cómoda en general.
A pesar de la gran ventana que daba hacia la calle lateral del hotel (no la avenida) la habitación no era ruidosa en absoluto. También cuenta con aire acondicionado, televisión y caja fuerte. La señal de wifi llegaba correctamente. Hay una heladera, que tiene bebidas surtidas y es muy útil para utilizar con bebidas que uno trae de afuera.
Baño completo. La cortina está un poco desactualizada.
Una particularidad de la habitación. Una mañana muy temprano, alrededor de las 7 am, escuchamos golpes continuos que parecían venir de la habitación contigua. Los golpes siguieron largo rato y cesaron eventualmente, aunque ya nos habían despertado. A la mañana siguiente, nuevamente los golpes. Ya fastidioso me levanté y golpee yo también la pared de la habitación, porque parecía que estuviesen trabajando al lado y era muy temprano para estar haciendo tanto ruido. Luego de otro rato largo de seguir escuchando los golpes decidí abrir la ventana para intentar ver de donde venían. Apenas por debajo de la ventana había un pequeño techo de chapa, un alero o algo así. Sobre ese alero se paran por la mañana las gaviotas y golpean la chapa con el pico produciendo ese ruido insoportable. Solo espantarlas solucionó el problema.
El baño era correcto, con secador de pelo y bañadera. Un vidrio en lugar de una cortina para cubrirla hubiese sido mas correcto para esta categoría de hotel.
El desayuno estaba incluido en el precio y se sirve en el mismo restaurante del hotel, en la planta baja. El lugar tiene una ambientacion moderna, con grandes ventanas que dan a la calle. El servicio es del tipo continental con una amplia variedad de opciones, como cereales, yogur, panes, mermeladas, jugos, jamon, queso, etc. Incluso comidas calientes, como huevos, papas y panceta.
Los precios de la carta del restaurante y servicio a la habitación.
El sector de desayuno.
Parte del restaurante y lugar donde se sirve el desayuno.
En este mismo lugar, como mencioné antes, funciona el restaurante. Ofrecen una carta que nos resultó buena, con precios acordes a otros lugares de la ciudad donde fuimos a comer. Y la comida resulto rica y abundante. También hay servicio a la habitación, se puede pedir comida o postres.
Lo bueno:
-La ubicación es muy buena.
-Cochera cubierta sin cargo adicional.
-La habitación resultó cómoda al igual que las camas, que por otro lado son muy grandes (tamaño king size).
-Hay heladera en la habitación.
-Había wifi con buen alcance en la habitación y áreas comunes.
-Hay varios servicios extra como lavandería, gimnasio, salón de eventos, etc.
-El desayuno es muy completo.
Lo malo:
-Quizás una pequeña reducción en el precio sería conveniente, aunque está dentro de lo normal en Viña del Mar.
-Un cerramiento de vidrio en vez de una cortina en la ducha quedaría mejor y sería mas cómodo.
Vista parcial del lobby.
Veredicto: El hotel es muy lindo, está bien ubicado, sus habitaciones son muy cómodas y pasamos una muy buena estadía en el. La cochera gratuita es un plus importante en esta zona. La conclusión es que es un hotel que cumplió perfectamente nuestras expectativas y por lo tanto recomiendo ampliamente.
Para quién si:
Quienes quieran alojarse en una zona céntrica, con excelente conexión hacia Valparaíso, en un hotel con todos los servicios (bueno, excepto piscina), buen desayuno, opción de cenar sin salir del mismo y sin fijarse demasiado en el precio teniendo en cuenta que es un hotel 4 estrellas. Personas que vayan en auto y puedan aprovechar el estacionamiento.
Para quién no:
Turistas que buscan gastar poco.
El viaje hasta Santiago fue muy lindo, los paisajes a partir de Potrerillos son hermosos y se acentúan luego de pasar por Uspallata. Es un viaje recomendado para hacer en auto y parar a sacar fotos las veces que sea necesario. Llegando al cruce internacional y mas aún luego de cruzarlo, encontramos bastante nieve que nos permitió, sobre todo a la vuelta, hacer un pequeñísimo muñeco y tirarnos un par de pelotas.
Como Santiago no era un destino de este viaje si no que surgió de improviso por el cierre del Paso San Francisco (sobre lo que fui escribiendo en las críticas del Hotel Cortaderas de Catamarca, la Hostería Municipal de Fiambalá y el Gran Hotel Provincial de San Juan ), llegamos sin reservas de alojamiento.
Creo que desde que vamos de vacaciones no fueron mas de dos veces las que llegamos a una localidad para quedarnos y no teníamos reservado el alojamiento. Lamentablemente en Santiago fue una de ellas. Como mencioné antes, llegamos alrededor de las 19:00 hs y la única referencia que tenía era de un hotel en el barrio Las Condes al que un familiar había viajado poco tiempo atrás. Hacia allí nos dirigimos.
Una vez llegados, entro a la recepción, pregunto por una habitación triple y me responden: «No, tenemos todo ocupado porque hay una convención en la ciudad y por hoy y mañana no tenemos habitaciones disponibles«. Bien.
Antes de continuar tengo que mencionar que en esta zona de Santiago no se puede estacionar el auto en la calle. En ninguna. Por lo que parar en la puerta de un hotel, bajar y consultar si hay lugar disponible no fue tan fácil como parecería.
Luego de dar muchas (pero muchas) vueltas, encontré un callejón donde dejar el auto, con mi mujer y mi hijo esperándome, y me dispuse a encontrar alojamiento. Eran ya las 20:30 hs. Primero el Ibis de Las Condes. La cadena Ibis siempre me resultó conveniente, así que esperaba lo mismo en Santiago.
-Hola, ¿tienen una habitación doble o triple para hoy y mañana?.
-Disculpe, hay una convención en la ciudad y tenemos todo reservado.
-(¡¡OH NO!!) Ah, entiendo, ¿y otros Ibis en la ciudad hay?
-Si, claro, ¿quiere que consultemos si tienen disponibilidad en los otros dos que se encuentran cerca?
-Si, por favor.
Segundos después.
-No, en ninguno de los dos hay lugar disponible.
Y así pasé por los tres Ibis, un Best Western, y otros cuatro hoteles que tampoco tenían lugar. Siendo las 21:00 desistí y pensé que lo mejor sería ir a comer a un lugar con wifi para hacer la búsqueda como debería haberla hecho en un principio. Por internet.
Comimos en el mall Parque Arauco y a través de Despegar.com y Booking.com encontré un par de opciones cercanas que aparecían con disponibilidad. Sin hacer la reserva fuimos directamente al primero: Meridiano Sur Petit Hotel. Llegamos, consultamos disponibilidad y precio y, si bien nos pareció caro, eran ya las 23:00 hs y no estábamos para seguir dando vueltas. Así que allí nos quedamos. A continuación la crítica de nuestra estadía.
El frente del hotel.
Web: http://www.meridianosur.cl
Después de una larga recorrida por hoteles, todos ocupados, llegamos a Meridiano Sur a las 23 hs y nos quedamos en la habitación que había disponible. Una doble + uno (una cama doble y un sofá cama) por la cual nos pidieron u$s 150 por noche con desayuno incluido.
Aunque no estuvimos mucho tiempo en Santiago, me queda la sensación de que el hotel está muy bien ubicado. Tanto por su conexión de transporte público como por la posibilidad de recorrer la ciudad caminando.
Se ubica a unos 200 metros de la avenida Nueva Providencia, que recorre buena parte del centro de la ciudad y por debajo de la cual circula la linea 1 (roja) del Metro de Santiago. La estación mas cercana del mismo, Manuel Montt, está a unos 400 metros y solo la separan 6 estaciones de la estación La Moneda, en pleno centro de la capital chilena.
En la zona del hotel hay varios comercios, farmacias, algún restaurante y bar, almacenes, etc. Con un poco de caminata se puede llegar al shopping Costanera Center o varios puntos importantes de la ciudad.
El hotel es muy pequeño, creo que no llega a tener 10 habitaciones. Esto le genera un ambiente muy de «hogar» mas que de hotel.
El edificio está muy bien mantenido, y quizás su único defecto sea la falta de ascensor. La verdad es que no es demasiado importante para nosotros, pero, por ejemplo, el lugar donde se sirve el desayuno esta medio piso por debajo de la recepción y nuestra habitación estaba en un segundo piso, por lo que teníamos casi 3 pisos por escalera para ir o volver de desayunar. Como decía, no es demasiado importante. Salvo que haya que llevar un nene/bebe en brazos o que uno tenga problemas de movilidad.
Salón contiguo a la recepción.
El acceso a internet inalámbrico está incluido en el precio y funciona bien, tanto en la habitación como en las áreas comunes. No hay servicios extra como pileta o gimnasio. Tampoco parece haber restaurante, lo cual es lógico dado el tamaño del hotel.
Otra parte del mismo salón.

Tampoco tiene estacionamiento. En nuestro caso, quizás por la hora en que llegamos y por buena voluntad de la persona de la recepción, se nos permitió dejar el auto en una entrada para autos que tiene a un costado donde sólo entra un vehículo. Desconozco si habitualmente se ofrece como cochera o no, pero nosotros pudimos usarla.
Creo haber visto en la recepción dos computadoras para uso de los huéspedes. Esto sería a confirmar!
La atención de las dos personas que vimos en recepción durante nuestra estadía y de la persona que atendía la zona de desayuno fue por demás cordial. Nada para decir al respecto mas que destacar la buena atención.
Nos asignaron una habitación ubicada en el último piso. Como dije antes, se accede por escalera subiendo dos niveles.
Batman no era parte de la habitación.

La habitación estaba muy bien, suficientemente amplia, moderna y bien ambientada. La cama era tamaño king (2 metros x 2 metros), también muy cómoda.
Había una ventana que daba hacia la calle, sin embargo la habitación no era ruidosa. También había aire acondicionado, televisión y caja fuerte. La señal de wifi llegaba correctamente.
Ademas de la cama, había un sofá que podía convertirse en una segunda cama.
El sofá cama a un costado.

El baño era correcto, aunque podría criticar lo pequeño del sector de ducha. La bañadera era particularmente chica (corta) y estaba cubierta con una cortina (un vidrio le daría mas categoría en mi opinión). El agua salia correctamente. También contaba con secador de pelo.
El baño esta bien, excepto por la bañadera que es muy chica.
Perchero, televisión y un pequeño sofá, todo en la habitación.
El desayuno estaba incluido en el precio y se sirve en un salón ubicado un nivel por debajo de la recepción. El lugar tiene una ambientación muy agradable, con grandes ventanas que dan a los patios del hotel llenos de plantas.
Desayuno bastante completo y bien presentado.

El servicio es del tipo continental con una variedad de opciones bastante buena, como cereales, yogur, panes, mermeladas, etc. A pedido (sin costo extra) se preparan panqueques de dulce de leche o manzana, los cuales recomiendo encarecidamente.
Se puede tomar el desayuno al aire libre si el clima lo permite.
O, por supuesto, bajo techo.

Aunque creo que no tiene restaurante, apenas caminando un poco fuera del hotel hay muchos restaurantes para elegir.
Los panqueques se piden en el momento. Excelentes.
Lo bueno:
-La ubicación es muy buena.
-Cochera descubierta sin cargo adicional (hay un solo lugar disponible y no se si nos lo dieron por buena voluntad o porque se pueda usar realmente).
-La habitación resultó cómoda al igual que la cama, que por otro lado es muy amplia (tamaño king size).
-Había wifi aunque con buen alcance en la habitación y áreas comunes.
-El hotel tiene un diseño y ambientación muy agradables.
-El desayuno es bastante completo.
-El personal es muy cordial.
Lo malo:
-Entiendo que el concepto «petit hotel» tiene sus particularidades, pero nos pareció demasiado caro.
-La falta de ascensor puede resultar problemático para algunas personas.
-No tiene cocheras.
-El sector de la bañadera/ducha se utiliza perfectamente, pero podría ser un poco mas amplio.
Veredicto:
El hotel es muy lindo, está bien ubicado y pasamos una muy buena estadía en el. El único condicionante que le encuentro es el precio. Creo que se pueden encontrar mejores opciones en precio/calidad en la misma zona y nosotros no pudimos hacerlo por llegar ya de noche y sin ninguna reserva. De todas formas es un buen hotel.
Para quién si:
Quienes quiera alojarse en una zona céntrica, en un hotel pequeño, donde casi no hay ruidos, con pocos huéspedes y sin preocuparse demasiado por el precio. Viajeros que no tengan auto o que si lo tienen no les preocupe dejarlo estacionado lejos del hotel donde encuentren lugar en la calle.
Para quién no:
Turistas que buscan gastar poco, que busquen servicios adicionales al alojamiento como pileta, sauna, etc. Que tengan auto y no quieran dejarlo en la calle o lejos del hotel.
Decidimos que no sería Santiago la ciudad elegida si no alguna costera, Viña del Mar o Valparaíso. Pero aquí surgió la duda: ¿en cuál de las dos alojarse?. Y a partir de allí comencé la recorrida habitual por foros y webs con el objetivo de dar respuesta a esa pregunta.
Viña del Mar es una ciudad más clásica, comparable a otras como Mar del Plata o Punta del Este. Aunque con menos glamour que esta última.
Como pasa en casi todos los ordenes de la vida, depende de a quién se le pregunte será la respuesta. Cada persona es un mundo y cada uno tiene gustos y expectativas distintas, pero lo positivo de recorrer varios foros es que uno se hace una idea de las características generales del lugar.
Valparaíso tiene características que la hacen única y distinguible de entre otras ciudades.
Así que decidimos alojarnos finalmente en Viña del Mar. Y creo que fue una decisión más que acertada en nuestro caso.
Te recuerdo que viajamos con un pequeño de dos años y medio y no vamos en plan de mochileros (aunque nuestro equipaje viaja en dos mochilas de las grandes) ni de movida nocturna. Entonces te cuento, luego de haber visitado ambas ciudades, mi resumen de por qué Viña del Mar.
Viña del Mar si porque:
Viña del Mar tiene lindas zonas por las cuales caminar.
Viña del Mar no porque:
Y ahora vamos con la otra candidata. Valparaíso si porque:
Valparaíso es un continuo de desniveles en las calles y veredas.
Pero también hay otra cara, Valparaíso no porque:
Los ascensores o elevadores son una postal clásica de Valparaíso y merecen una visita.
Hay un aspecto importante y es que existe desde 2005 un tren metropolitano (con tramos bajo tierra y tramos en superficie) que conecta Valparaíso con Viña del Mar y otras localidades cercanas, así que alojándose en una u otra ciudad existe la posibilidad de visitar la otra en menos de media hora.
El tren que conecta Viña del Mar y Valparaíso en muy pocos minutos.
En resumen, mi opinión es que es mas conveniente quedarse en Viña del Mar y visitar Valparaíso tantas veces como uno quiera viajando en el tren que mencioné antes. Y podría hacer una pequeña concesión. Como creo que también es lindo conocer las ciudades de noche, quizás hasta diría que la sugerencia es quedarse un día y una noche en Valparaíso para luego ir a Viña.
]]>Ahora, el cambio de planes quedó así: cruzaríamos a Chile a través del Paso Cristo Redentor y nos quedaríamos un par de días en Santiago. Luego iríamos a Viña del Mar el mismo día que hubiésemos llegado con el plan anterior.
Al decidir este cambio estábamos en Fiambalá, es decir, a unos 1000 km del Paso Cristo Redentor. Decidimos hacer una escala intermedia porque todo el viaje sin parar iba a ser demasiado largo. El lugar elegido fue la ciudad de San Juan. Buscamos rápidamente en Tripadvisor y concluimos que el Gran Hotel Provincial era una buena opción.
Salimos de Fiambalá alrededor de las 10:00 de la mañana y llegamos a las 21:00 aproximadamente a San Juan. El camino que hicimos fue por la ruta 60, la 38 pasando por La Rioja, luego la 150 desde Patquía hasta Huaco y finalmente desde allí la ruta N° 40 hasta la ciudad de San Juan. Hay una ruta mas corta, pero Google Maps indicaba que era mas larga en tiempo, probablemente por tener tramos no asfaltados. Otra posibilidad era ir por Chilecito y la Cuesta de Miranda, pero me pareció que iba a demorar mucho mas por lo sinuoso de ese camino.
La crítica de nuestro alojamiento a continuación.
Web: http://www.granhotelprovincial.com/
Como llegamos a San Juan casi de improviso, contratamos el mismo día de nuestra llegada una habitación doble (dos adultos y un nene de 2 años) con desayuno a $ 1400 (u$s 90 aproximadamente).
El hotel esta impecablemente ubicado en el centro de San Juan, a pocos metros de la Plaza 25 de Mayo y cerca de gran cantidad de negocios, resturantes, supermercados, etc. La zona es bastante pintoresca. Como contrapartida, si se llega en auto, hay que sortear el trafico de toda la ciudad.
El edificio que alberga al hotel es bastante grande e incluye un restaurante, piscina, cochera cubierta en el subsuelo (sin costo adicional) y varios salones para eventos. Claramente hablamos de un hotel de categoría y la misma se ve reflejada en varios aspectos como el aspecto estético, la calidad del desayuno, la habitación, etc.
Si bien no la ví, sé que tiene una piscina al aire libre. Hacía un poco de frio cuando estuvimos así que tampoco la hubiese utilizado.
El acceso internet inalámbrico está incluido en el precio de la habitación y tiene una aceptable cobertura y velocidad.
El pasillo de ingreso a las habitaciones.

Hay servicios de lavandería y servicio a la habitación y un estacionamiento subterráneo al cual se accede por ascensor.
Si no recuerdo mal, creo haber visto computadoras en la recepción para uso de los huéspedes. Pero quizás me confundo con otro hotel.
Llegamos a las 21 hs para alojarnos y nos fuimos al día siguiente a las 10 hs. Estuvimos muy poco tiempo y tuvimos poco trato con el personal, únicamente en el check in. Y la atención fue buena.
Debido a que no queríamos gastar de mas por solo una noche, decidimos pedir una habitación doble y dormir los tres juntos en lugar de ir a una habitación triple. Antes de pedir la habitación nos aseguramos que la cama fuese king size (2 metros x 2 metros). Pudimos dormir perfectamente los tres, la cama era suficientemente cómoda.
La habitación doble que nos tocó.

La habitación tiene un aspecto moderno y si bien no es chica en absoluto, no le vendrían mal un par de metros adicionales. La ventana daba a la avenida frente al hotel y no tenía balcon. Tampoco tenía la mejor aislación acústica y de día se filtran bastantes ruidos de la calle.
La vista que teníamos desde la habitación.

Hay televisión de 32″, heladera, teléfono y caja fuerte. Tanto la entrada a la habitación como el encendido de luces se hace mediante tarjeta magnética (nos dieron dos tarjetas). El aire acondicionado y la calefacción se regulan directamente desde la habitación en forma individual.
El baño.

La conexion wifi tiene un alcance y velocidad aceptables, tanto en las áreas comunes como en la habitación y no tiene costo adicional.
El espacio de la bañadera es un poco reducido y no está muy iluminado. Algunos rincones tienen un poco de moho.

El baño estaba bastante bien, aunque desentonaba con la habitación y el resto del hotel. En otro tipo de hotel sería perfecto, pero para la categoría que pretende tener el Provincial necesitaba pequeños retoques. De todas formas no era nada grave, quizás mejor iluminación, reparar la puerta o mejorar el aspecto de la zona de la bañadera.
La puerta del baño corresponde a un hotel de menor categoría.
El desayuno estaba incluido en el precio y se sirve en un salón ubicado en el primer piso (si no recuerdo mal). Es del tipo continental con una variedad de opciones bastante importante, no probamos demasiado y nos quedamos muy poco tiempo porque teníamos algo de apuro por llegar a Chile (teníamos muchos kilómetros por delante), pero parecía ofrecerse un desayuno muy completo con platos fríos y calientes, frutas, infusiones, etc.
La foto me salió mal, pero se aprecia el sector de desayuno. Hay otra mesa de igual tamaño con más comida del otro lado.

Ademas, el hotel cuenta con restaurante. El día de nuestra llegada preferimos salir a caminar un poco y comer en algún lugar en vez de quedarnos en el hotel. No puedo decir mucho del restaurante del hotel porque ni siquiera pude ver cual es su menú ni los precios. Lo importante es que existe la opción de comer sin salir del hotel.
Lo bueno:
-La ubicación es excelente.
-Cochera cubierta sin cargo adicional.
-La habitación resultó cómoda al igual que la cama, que por otro lado es muy amplia (tamaño king size).
-Había wifi aunque con buen alcance en la habitación y áreas comunes.
-Hay restaurante para comer en el mismo hotel.
-El desayuno es bastante completo.
Lo malo:
-El baño estaba un poco venido a menos con respecto al resto de la habitación. Nada grave, pero no estaba impecable.
-La habitación que nos tocó no tenia una buena aislación acústica de los ruidos de la calle. Esto se notaba durante la mañana que estuvimos.
Veredicto: Buen hotel, con buena ubicación no demasiado costoso y con servicios acordes a la categoría. No es el tipo de lugar en el que nos alojamos habitualmente, pero teníamos que hacer una escala obligada e imprevista. Es para recomendar.
Para quién si:
Quienes quiera alojarse en una zona céntrica, en un hotel de categoría, con la opción de comer sin salir del mismo. Quien necesite organizar un evento en alguno de los salones.
Para quién no:
Turistas que buscan gastar poco o que no estén tan interesados en visitar el centro de San Juan. Llegar al hotel significa lidiar con todo el tráfico de la ciudad.
Efectivamente, al margen de la hermosa vista que ofrece la ruta, se notaba que había un viento intenso y en las montañas se veía una densa capa de nubes. Pero nunca pensé que iban a cerrar la frontera. No podía creer que se me estuviese complicando el viaje de esa manera.
Resumo. La idea era ir desde Cortaderas hasta la ciudad de Caldera, en la costa chilena, donde ya teníamos hecha la reserva y luego de unos días allí, llegar a Viña del Mar. Si no podía cruzar por el Paso de San Francisco, la entrada a Chile tendría que hacerla o bien por el Paso de Jama o Sico o bien por Mendoza, en el Cristo Redentor. Ambas opciones implicaban varios cientos de kilometros de ruta y perder la reserva en Caldera.
Resolvimos esperar al menos un día para ver si se abría el paso y podíamos cruzar, pero no queríamos volver al Hotel Cortaderas por la posibilidad de que el paso siga cerrado y porque, ademas, queríamos bajar de tanta altura que ya nos había cansado un poco (el Hotel Cortaderas esta a unos 3500 metros de altura).
Llegamos a Fiambalá y buscamos alojamiento. El primer lugar al que fuimos, con las mejores calificaciones en Tripadvisor, la Casona del Pino, estaba cerrada. La segunda opción, Cabañas Lunita, no parecía estar cerrada, pero no había nadie para atendernos. Ni un timbre, ni una oficina de recepción, nada. La tercera opción, Aires de los Andes, no nos gustó demasiado y, lo mas importante, no tenían internet en ese momento (según ellos, por la intensa tormenta que había en toda la región).
Así que pasamos por la Hostería Municipal, preguntamos precio y, si bien el aspecto puede generar dudas a primera vista, después no es para tanto. Y finalmente nos quedamos ahí, enviando mensajes por Twitter a la cuenta del Complejo Fronterizo Paso de San Francisco (de Chile) y casi suplicando que lo abran. Acá va la crítica:
Contratamos el mismo día de nuestra llegada una habitación triple con desayuno a $ 600 (u$s 40 aproximadamente).
El hotel esta ubicado en el centro de la pequeña ciudad de Fiambalá, a solo 100 metros de la plaza principal. Esta ubicación es suficientemente buena para realizar cualquier actividad, ir a comer, dar una vuelta, etc. Al lado del hotel hay un cajero automático, a 100 metros un restaurante y un quiosco, heladerías, mercados, etc.
Siendo una ciudad muy chica, la ubicación no juega un papel tan importante, pero en este caso puedo decir que está bien ubicado.
El edificio que alberga al hotel es bastante grande e incluye un restaurante, la zona de habitaciones y la recepción del hotel, que es donde se sirve el desayuno. Los servicios que se ofrecen son, ademas del alojamiento, el desayuno y el acceso al wifi. El restaurante es parte del hotel y se accede desde la calle o desde una entrada interna.
La distribución del hotel es bastante particular. Alrededor de un gran patio central se ubican las habitaciones, en planta baja y primer piso. Parece como si fuese una escuela. Lo malo es que los ruidos retumban en todo este patio y llegan a las habitaciones. Si hay chicos o mucha gente hablando fuerte se escucha todo.
Una distribución bastante particular: patio central y habitaciones alrededor

El wifi no tiene buena cobertura en la habitación que nos tocó, tuvimos que salir al patio central para poder acceder con velocidad razonable. Para destacar que cuando fuimos había una importante tormenta en la zona que dejo sin internet a gran parte del lugar. Según nos dijeron, la conexión de esta hostería era la única que estaba funcionando. Pero repito, eso lo escuchamos solamente, no puedo confirmarlo.
En el exterior hay un sector para dejar el auto. No está techado ni cerrado, pero permite dejar el auto cerca de la entrada.
La atención es aceptable, no parece haber un gran esmero pero tampoco tuvimos problemas. Debo decir que estuvimos solo una noche y nuestro trato con la gente fue mínimo.
Llegamos desde el Paso de San Francisco porque lo cerraron justo antes de que podamos cruzarlo, asi que fuimos a Fiambalá para dormir e ir por otro camino hacia Chile. No teníamos reserva y luego de consultar en otros dos hoteles, preguntamos en la Hostería Municipal y nos ofrecieron una triple con desayuno por «solo» $ 600. Creo que es lo mas barato que pagamos por una habitación alguna vez.
Habitación austera pero cómoda.

La habitación era relativamente chica, pero estaba bien en ultima instancia. Las camas eran bastante cómodas, por supuesto que del tamaño mas chico posible, nada de queen ni king size. Muy austeras pero aceptables.
No hay heladera (no esperaba encontrarla tampoco), pero sí hay televisión y aire acondicionado. También una pequeña ventana que da a un estacionamiento trasero.
El baño necesita urgentemente una protección en la ducha para evitar que se moje todo.

El baño es chico también y tiene un gran problema. La ducha no tiene ninguna contención para el agua y al bañarse se moja todo. Absolutamente todo. Por eso hay un secador para el piso, que no es la mejor solución para un hotel.
El wifi no tenia cobertura en la habitación o, en el mejor de los casos, la señal era demasiado débil. Fuera de la habitación la conexión funcionaba correctamente, aunque no con gran velocidad.
El desayuno se sirve en la recepción, donde hay también algunas mesas. Es bastante sencillo, ademas de la bebida caliente (café, leche, te, etc) hay jugo de naranja, pan y mermelada o manteca y ensalada de fruta (de lata). Punto en contra para el recipiente del azúcar que al estar abierto y ser compartido tiene manchas de bebidas (muy pocas para ser sincero).
Desayuno sencillo. Pero más que aceptable teniendo en cuenta el precio del hotel.

Por otro lado, el restaurante tiene un menú acotado que se dice en palabras (no hay uno en papel). En general platos sencillos como fideos, milanesas, etc. Los precios son buenos y la calidad esta bien. En lineas generales la opción gastronómica del hotel es acorde con el mismo, sencilla y con buenos precios.
Lo bueno:
-La ubicación es muy buena, a pesar de lo pequeña de la ciudad.
-El precio fue muy bueno.
-La habitación es chica pero resultó cómoda.
-Había wifi aunque con baja señal o directamente sin cobertura en la habitación.
Lo malo:
-La estructura del hotel carga con varias décadas a cuestas, necesita una puesta al día.
-Al bañarse, se moja todo el baño.
-El wifi tiene poco alcance en la habitación.
-La distribución de las habitaciones comunicadas al patio favorece a que sean bastante ruidosas
Veredicto: El hotel es muy sencillo, con servicios básicos y una estructura añeja. Sin embargo es muy barato, entonces la ecuación se vuelve favorable. No pasaría una vacación entera probablemente, pero para uno o dos días es aceptable.
Para quién si:
Quien quiera gastar poco y necesite conectarse a internet, ademas de estar en una zona céntrica de la ciudad.
Para quién no:
Quien busque alojamiento con una buena presentación estética y con servicios de buena calidad.
Cuando recientemente viajamos al Norte Argentino con la intención de cruzar hacia Chile, mis horas de búsqueda (Google Earth, Tripadvisor y Booking.com entre otros) resultaron en que pasar a Chile a través del Paso de San Francisco me permitía agrupar los elementos que mencioné en el párrafo anterior. Tenía que hacer una escala porque veníamos desde La Rioja y la distancia hasta la costa chilena era muy grande; había un hotel en plena Cordillera (el Hotel Cortaderas, cuya crítica escribí en este post), a 3500 metros sobre el nivel del mar y lejos de todo: esa lejanía y esa altitud me garantizaban cielos límpidos, sin contaminación lumínica y paisajes dignos de ver.
El único factor que, a priori, pareció arruinar todo fue que las dos noches en las que estuvimos en este lugar había Luna llena. El intenso reflejo de la luz solar en la cara visible de nuestro satélite personal ocultó a la mayoría de las estrellas. Pero, como contrapartida, me ofreció un espectáculo que no hubiese imaginado.
Salir del hotel a caminar por la nada misma en plena medianoche fue hacerlo casi como si fuese de día. La luz era suficiente para ver todo, se podía caminar sin miedo de tropezarse con algo porque todo el paisaje estaba iluminado con una luz tenue e intensa a la vez. La única molestia era el frio. Nunca uso gorro, pero esta vez el viento gélido que soplaba me obligó a volver al hotel a buscarlo. Si hubiese llevado guantes, también los hubiese usado. Y quizás esa fue una de las cosas que me impidió seguir sacando fotos, no podía mantener las manos mucho tiempo fuera de los bolsillos sin que me dolieran del frio.
Intentando sobrellevar la escasa sensibilidad que tenía en los dedos por la baja temperatura, se me vino a la mente un artículo que leí en el sitio DPReview.com acerca del trabajo del fotógrafo Erez Marom sobre fotografía nocturna, o cómo convertir la noche en día. E intenté, con mi rudimentario y modesto equipamiento y conocimiento, replicarlo. Para quien esté interesado en saberlo, mi cámara es una cámara Panasonic FZ1000.
La única precaución que tuve desde el inicio es que, como mi cámara tiene un sensor relativamente chico (1″), decidí mantener el valor ISO lo mas bajo posible para evitar la aparición de ruido en las imágenes.
Antes que nada, ¿dónde estamos?
Primer paso, ubicar el trípode en algún lugar desde dónde pueda obtener una buena composición. En mi opinión, sacarse una foto sobre una calle o ruta de un lugar desolado acentúa esa característica. Como si uno quisiese decir que por allí no circula nadie. Acá estamos:
El set-up tomado con mi celular

Parece de día, pero no lo es. El reflejo de la luz del Sol en la Luna es muy intenso. Y cuando no hay luces artificiales que lo opaquen, se muestra en todo su esplendor.
Primera toma, sin procesar. f 2.8, 60 segundos, ISO 125, distancia focal 25 mm (equivalentes)
Me resultó bastante increíble el aspecto de la foto cuando la vi. A primera vista parece pleno dia, hasta que miramos el cielo y ahi están las estrellas.
Misma imagen anterior, pero trabajada un poco a partir del archivo RAW en Adobe Camera Raw
Acá decidí incluirme en la escena. f 2.8, 60 segundos, ISO 160, distancia focal 25 mm (equivalentes)
Nuevamente la misma foto anterior, pero procesada a partir del RAW en Adobe Camera RAW
Hay una diferencia importante entre el archivo tal como lo graba la cámara y la versión procesada «a gusto». Es por esto que siempre tengo la cámara configurada para grabar en JPG+RAW. Si bien esto se hace a expensas del espacio de almacenamiento en la memoria, los archivos RAW que no voy a usar los puedo borrar en cualquier momento.
No soy en absoluto un gran conocedor del procesamiento de imágenes, en los casos que estoy mostrando hice correcciones en la exposición, contraste, balance de blancos, saturación y algunos ajustes locales (sobre todo en la parte del cielo) entre otras cosas. Nada que no se pueda hacer tocando un poco las opciones del programa.
Algunos detalles y consideraciones sobre las imágenes. Los tiempos prolongados de exposición favorecen la aparición de los «star trails«, incluso con distancias focales chicas como en este caso, se puede ver como queda capturado el movimiento aparente de las estrellas cuando agrandamos la imagen.
No solo hay star trails. Parte de ese movimiento aparente, no es la rotación de la Tierra, si no el intenso viento que había y que, aunque levemente, sacudía el trípode junto con la cámara. Hubo varios intentos antes de obtener imágenes decentes. Hay que tener en cuenta que el trípode que uso es uno de esos de bajo costo y sin marca.
¿Recomendaciones para reducir este problema? Con una buena cámara puede reducirse el tiempo de exposición aumentando el valor ISO con menos riesgo de obtener ruido en la imagen. De la misma forma, un trípode de mejor calidad tiene mayor estabilidad y robustez para no bambolearse con cualquier viento. Sin embargo, estuve bastante feliz con los resultados obtenidos.
Y una aclaración. Cuando digo «una mejor cámara» no me refiero a una reflex, que es lo que suele decir la mayoría de la gente cuando quiere decir que una cámara es buena. No, las reflex son solo un tipo de cámaras. Hay cámaras «no reflex», llamadas «sin espejo» o «mirrorless» que, como su nombre lo indica, no tienen el espejo que le da nombre a las reflex. Estas cámaras son tan buenas o tan malas como las reflex, dependiendo claro de cual modelo estemos eligiendo. Desde ya, sin tener en cuenta que quien hace buena o mala a una cámara es quien la usa.
Una mas, f 2.8, 60 segundos, ISO 160, distancia focal 25 mm (equivalentes)
Esta imagen ya esta procesada. A pesar de que parece haber mucha luz, la realidad es que no la hay tanto. Si, cuando uno está ahí ve perfectamente por dónde caminar, pero para la cámara la luz no es suficiente. Por eso, y por estar usando una sensibilidad muy baja (ISO 160), es que hay que quedarse con una exposición de 1 minuto. Ese tiempo es suficiente para que el paisaje quede iluminado, pero para poder aparecer en las dos posiciones en las que estoy en la foto tuve que quedarme unos 30 segundos en cada una. Y esos segundos no fueron suficientes para que mi imagen se grabe del todo bien (por eso quedé un poco «transparente»). De todas formas, no me disgusta el efecto con el que quedó esta foto.
f 2.8, 20 segundos, ISO 250, distancia focal 25 mm (equivalentes)
Acá sucede algo similar con el «blureo» de las manos. Si bien bajé el tiempo de exposicion a «solo» 20 segundos y aumenté el ISO a 250, no es fácil inmovilizar literalmente los brazos para que no salgan movidos.
f 2.8, 20 segundos, ISO 250, distancia focal 25 mm (equivalentes)
Junto al hotel donde nos alojamos corre un pequeño río (el Chaschuil, si no me equivoco) en el que se construyó un embalse. Luego de este embalse el río continua su curso como se ve en la foto de arriba.
f 2.8, 25 segundos, ISO 200, distancia focal 25 mm (equivalentes)
Ese es el pequeño dique que contiene las aguas del río y forma la laguna donde pueden observarse patos, flamencos y otras aves acuáticas.
f 2.8, 15 segundos, ISO 250, distancia focal 25 mm (equivalentes)
Nuevamente participando de la imagen, esta vez al costado de la ruta 60, casi sobre el puente que pasa sobre la laguna.
f 2.8, 25 segundos, ISO 160, distancia focal 25 mm (equivalentes)
Una hermosa vista de la laguna artificial del paraje Cortaderas y de parte de la ruta 60 que la bordea. En la dirección de la imagen, pero 100 km mas adelante, se encuentra la frontera con Chile. El Paso de San Francisco.
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