Después de bastante tiempo de investigación decidí que estar cerca del Puente de las Cadenas, una estación de metro/subte y la parada del bus que nos llevaría al aeropuerto nunca podría ser una mala elección.
Nos alojamos en el apart K9 Residence, un edificio de varios pisos y muchos departamentos convertidos para alquileres temporarios.

Web: http://www.k9residence.com/
Dirección: Károly krt. 9, Budapest.
Cuatro noches de sábado a miércoles en la primera quincena de septiembre de 2018, departamento completo de 3 ambientes compuesto por dos habitaciones, living con cocina integrada y baño. Con el detalle de que el baño estaba dividido en dos partes, una con el inodoro y otra con el lavatorio y la ducha. Desayuno no incluido, servicio de limpieza incluido. Lo compramos por Despegar.com en 12 cuotas sin interés por un total de $ 9200 (u$s 460).

El alojamiento se encuentra sobre una importante y hermosa avenida. A metros de la entrada tenemos la estación Deak Ferenc Ter del metro de Budapest, ademas de la parada del bus/shuttle N° 100 que conecta la ciudad con el aeropuerto. Adicionalmente hay una multitud de comercios en un radio de 300 o 400 metros, incluyendo cajeros automáticos, casas de cambio, restaurantes, supermercados y demás.

La zona tiene mucho movimiento y es muy transitada a toda hora. Si bien teníamos que devolver el auto el mismo día en el aeropuerto, pensamos que sería conveniente dejar primero el equipaje en el hotel para volver mas livianos en el bus, así que llegamos al K9 manejando y se nos complicó un poco el tema del estacionamiento. En la avenida no se puede parar, así que dí algunas vueltas y terminé parando en una calle transversal justo enfrente pero sin saber si podía o no hacerlo. Bajamos rápido todo y nos fuimos antes de que llegué una multa.
Finalmente tengo que decir que la ubicación me pareció la mejor posible dentro de la ciudad.
El apart en particular y el complejo en general tienen wifi, incluido en el precio por supuesto. Además hay televisión en el living, cocina completa con utensilios, microondas, tostadora y heladera. No hay lavarropa, lo cual fue un golpe bajo porque en nuestro siguiente destino, Londres, tampoco tendríamos.

La ropa de cama y toallas también están incluidas y hay servicio diario de limpieza que cambia toallas, ordena y prepara las camas.
A diferencia de los alquileres tipo Airbnb, hay una recepción estilo hotel las 24 horas donde es posible dejar equipaje si tenemos que dejar la habitación pero queremos quedarnos un tiempo mas en la ciudad.
Mas allá de lo mencionado, no hay servicios extra como restaurante o pileta.
Como suele pasarnos, no tuvimos demasiado trato con el personal del hotel más allá de los momentos del check in check out. Y siempre recibimos un trato cordial

Estábamos en un quinto piso y las habitaciones daban directo a la calle, por lo que había una linda vista de los alrededores. Se llega por ascensor y en el mismo piso estimo que hay al menos 10 departamentos mas. Sin embargo no se escuchan ruidos molestos en ningún momento. Los ruidos que llegan desde la calle también están bien insonorizados al cerrar las ventanas.

Nuestro departamento tenía un living con cocina integrada que con dimensiones acotadas pero suficientes. En un costado teníamos las dos puertas de «los baños», porque en uno estaba el inodoro (en un espacio un poco claustrofóbico, eso si) y en el otro la ducha y lavatorio. Esta solución la hemos visto en otros hoteles y no está tan mal, permite usar ambos simultáneamente.
Las dos habitaciones eran muy amplias y contaban con guardaropa. Como mencioné antes, estaba todo bien insonorizado tanto para la calle como para los ruidos del edificio.

No puedo recordar en este momento si había aire acondicionado, creo que si, pero la verdad no recuerdo. Lo que si había era grandes radiadores para la calefacción, en invierno el frío castiga con fuerza a Budapest.
La cocina era suficiente, tenia una variedad aceptable de equipamiento. Ademas de la cocina propiamente dicha, había microondas, heladera y utensilios manuales de preparación de comida. Por supuesto también vajilla para los cuatro ocupantes.

Si bien sabíamos que no habría, la falta de lavaropa se hizo sentir. En cuanto al resto, puedo decir que el K9 cumplió sobradamente.
No hay desayuno ni siquiera en opción y tampoco hay restaurante. El alojamiento es solo eso, alojamiento. Para la comida tenemos la opción de prepararla nosotros mismos en la cocina o comprar afuera.
Lo bueno:
-La ubicación es excelente.
-El departamento es cómodo y amplio.
Lo malo:
-En las imágenes de la web los departamentos se ven mejor de lo que estaba el que nos tocó. Estaba en muy buen estado, pero era mas sencillo y menos luminoso que el publicado.
-Vendría bien un lavarropa. Creo que ya lo mencioné :).
-Una opción de desayuno tampoco estaría mal. Me da fiaca prepararlo.
-El precio estaba en el limite superior de lo que me parece barato.
Veredicto: La estadía fue muy satisfactoria. La ubicación es bárbara, el departamento cómodo y en caso de tener que elegir nuevamente estadía en Budapest, no tendría reparos en volver.
Para quién si:
Cualquier que desee alojarse en una zona fácilmente accesible y con muchos servicios cercanos. Viajeros con chicos. Quienes prefieran ahorrar en comida cocinándose en lugar de comer afuera.
Para quién no:
Los que busquen un alojamiento con mas servicios, como desayuno restaurante. Los que busquen zonas mas tranquilas, sin tanto transito ni gente.
El #Eurotrip2018 fue nuestro primer viaje importante con nuestros dos hijos de 1 y 4 años y medio, así que quiero apuntar principalmente a señalar qué cosas nos facilitaron el viaje. Y debería decirlo en singular, porque hay una sola cosa que, literalmente, nos permitió viajar de la forma en que lo hicimos.

Siempre elijo en la medida de lo posible usar transporte público y con los chicos no hicimos excepción. Así que al llegar a Barcelona tomamos el tren en el aeropuerto para ir a la ciudad. Luego al irnos rumbo a Budapest usamos taxi al aeropuerto de El Prat (porque el vuelo salía demasiado temprano y llovía). En Budapest fuimos y volvimos en bus desde y hacia el aeropuerto. Y luego en Londres utilizamos tren para los trayectos aeropuerto-ciudad y ciudad-aeropuerto.
Dicho esto, paso a detallar un poco mas en profundidad nuestro modo de viaje y los elementos que utilizamos para facilitarnos la vida.
En el 2015 viajamos a Italia sin ningún cochecito con la idea de comprar uno ahí. Al segundo día del viaje pasamos por una casa de artículos de bebés en Corigliano Calabro, Calabria, y compramos uno tipo «paraguita» muy sencillo y económico, nos costó solo 25 euros. Ese cochecito recorrió en aquel viaje cuatro países, luego lo usamos en Argentina al regreso y volvió a Europa en 2018, pero con la difícil tarea de trasladar a dos personas esta vez. Y superó airosamente la prueba.
Para viajar, mi recomendación es utilizar un cochecito liviano, sencillo, fácilmente plegable y con «techo» para el sol. Si tiene un respaldo móvil para improvisar una cama, mejor aún, el nuestro no tiene esa función, pero igual ha sido utilizado de cama en todos los viajes.
Hay un cochecito hermoso para llevar de viaje, el «Pockit», nunca lo utilicé pero a simple vista parece ideal. Mi único reparo hacia él es si las ruedas tan chicas pueden complicar las cosas en veredas y calles desparejas o de piedra, de las cuales en Europa hay por montones (ni hablar en Argentina). Y por otro lado es un cochecito demasiado caro para mi gusto. Por lo demás, me encanta.

Dato importante: el cochecito puede llevarse casi hasta la puerta del avión. Allí es retirado por personal de la empresa aérea o del aeropuerto para guardarlo en forma segura dentro del avión y luego, al descender, nos lo devuelven. Puede suceder que nos lo den apenas salimos del avión, como nos sucedió en Barcelona con Iberia, o que lo tengamos que retirar en la cinta de equipaje, o un lugar especifico para cochecitos, pero ya dentro del aeropuerto, como nos sucedió en Stansted (Londres) con Ryanair.

¿Qué es?
Es una plataforma de 3 ruedas (creo que tambien hay de 2 o de 4) que, mediante brazos regulables, se adosa al cochecito que usemos y permite que un niño viaje sobre ella. Si bien hay modelos específicos para determinadas marcas de cochecitos, las que se venden en su mayoría son genéricas y se pueden adaptar a cualquiera. Algunos modelos incluso vienen con un pequeño sillín sobre el que «el hermano mayor» puede ir sentado. En nuestro caso no había sillín y Thomy iba parado la mayoría de las veces y algunas otras se sentaba directo en la plataforma.

¿Por qué nos salvó las vacaciones?
Sólo en la noche en que fui a sacarle una foto al Parlamente de Hungría caminamos unos 3 kilómetros desde donde habíamos comido hasta la orilla opuesta a la del Parlamento. Después de un dia de estar paseando, no hace falta decir que ningún chico de 4 años estaría dispuesto a caminar 3 kilometros. Llevarlo a upa sería una tarea imposible, quizás una vez si y por algunos cientos de metros, pero no durante 20 días.

La combinación cochecito+patineta nos permitió recorrer todas las ciudades sin que los chicos se cansen de caminar. Y dándoles la posibilidad de que caminen cuando realmente quieran hacerlo, por ejemplo, cuando pasamos por alguna plaza.
La nuestra la compré en Mercado Libre, pero como es de esperarse en Amazon hay mayor variedad.
Para moverse dentro de ciudades, si las distancias exceden las posibilidades de caminar, siempre transporte público. Recomiendo enfáticamente NO alquilar auto dentro de las ciudades, al menos dentro de las de Europa.
Si bien viajar en transporte publico en Europa es, en general, cómodo, no hay que descartar que tendremos que hacer esfuerzos. Los metros/subtes de la mayor parte de las ciudades no tienen accesos fáciles mediante ascensor. En París, Londres o Roma son más las estaciones que no cuentan con ascensor y muchas veces ni siquiera escalera mecánica, por lo que el cochecito habrá que cargarlo y subirlo o bajarlo por las escaleras. En Barcelona o Berlín encontramos algunas estaciones con ascensor, pero no todas, ni siquiera la mayoría. En la única ciudad en la que vi a todas las estaciones (al menos por las que pasamos) con ascensor fue en Viena.
Aún así, el transporte público es la opción a considerar para moverse dentro de las ciudades en distancias mas largas. En el #Eurotrip2018 el cochecito lo subimos a buses, trenes, metros, teleféricos y funiculares sin ningún problema.
Esas doce o mas horas de vuelo, sentados en un asiento estrecho y con poco espacio alrededor, con nuestro pequeño hijo sentado al lado, o al lado y a upa si son dos como en nuestro caso, seran horas memorables. Mi experiencia dicta que luego de los 4 o 5 años es relativamente fácil mantener tranquilos a los chicos. El problema viene cuando son mas chicos.

Si se viaja con un bebé recomiendo consultar con la empresa aérea las condiciones de uso de la cuna, que la misma empresa provee, para asegurarse de poder usarla. Por citar dos ejemplos, en Aerolíneas Argentinas el uso de cuna es para bebés de hasta 10 kg. y menos de 70 cm. En Iberia las cunas se entregan a los bebes de hasta 8 meses. Y en ambos casos hay que efectuar la reserva previa, es decir, hay que comunicarse con la empresa no menos de 48 horas antes del viaje para asegurarse de poder utilizarla.
Cada uno sabrá cual es la mejor forma de entretener a su hijo, cuentos, videos en el celular, películas en el sistema de entretenimiento del avión…dormir. No es mi intención inventar nada nuevo en ese sentido, pero si tengo una recomendación fundamental: tratar de viajar de noche. En un vuelo nocturno, con todo el interior del avión apagado y en silencio, es mas fácil para los chicos conciliar el sueño y, en el mejor de los casos, dormir en todo el viaje. De día, en cambio, con gente pasando continuamente, ruidos, otros chicos gritando, etc. la situación se hará mas complicada.
Nuestra experiencia en viajes largos no es muy amplia, solo dos idas y vuelta a Europa. Primero con nuestro hijo mayor y luego con los dos. De esos cuatro viajes solo uno, el primero, lo hicimos de día. Salimos al mediodía de Buenos Aires para llegar alrededor de las 06:00 am de Madrid. Los restantes vuelos fueron siempre nocturnos. Ese primer viaje fue el peor de todos. Las últimas 4 horas fueron eternas, con Thomy en un fastidio altísimo, sin haber podido dormir casi nada, con las luces recién prendidas para comenzar a servir el desayuno y ya con los pasajeros de alrededor ofreciendo miradas poco amistosas.

Los otros tres vuelos de noche transcurrieron sin problemas, los chicos durmieron casi todo el viaje. Sin dudas es el horario ideal para viajar y no necesariamente es difícil o mas caro conseguir un vuelo nocturno respecto a uno diurno. Aerolíneas Argentinas, por ejemplo, tiene dos vuelos diarios a Miami, uno diurno y uno nocturno, al igual que a Madrid. Tambien Iberia tiene dos vuelos diarios de Buenos Aires a Madrid, uno sale al mediodía y otro por la noche. En la medida que se pueda, no hay mucho para pensar.
Los chicos un poco mas grandes seguramente recibirán algún kit infantil para pasar el rato. En Iberia el kit consistía en un libro para pintar, un rompecabezas y lapices. En su momento British nos entregó también un cuaderno con actividades, una mochilita y algo más que no recuerdo qué era.

En nuestro anterior viaje, en 2015, utilizamos mucho el tren, incluso en un tramo largo como de Lucerna a Berlin que nos insumió 8 horas y un trasbordo. Esta vez, aunque no teníamos tramos con esas características, no hubiese elegido trenes para viajes largos. Inexorablemente los chicos se agotan y creo que lo mejor es llegar rápido a destino. Salvo, por supuesto, que el viaje en tren tenga algún condimento que justifique su uso. No puedo dejar de pensar en cruzar los Alpes a bordo de un tren y disfrutar la extrema belleza del paisaje.
En el #Eurotrip2018 planifiqué el viaje de tal forma que haya poco traslado usando transporte público (Barcelona a Budapest y Budapest a Londres) y el resto de los viajes sean con auto de alquiler.
El auto es sin dudas LA forma de viajar con chicos. Tiramos todo en el baúl, paramos donde queremos, cuando queremos y no hace falta preocuparse por bajar todas las cosas en cada lugar, incluso implementamos la idea de tener una mochila solamente con un par de mudas de ropa que es la única que bajamos en cada destino, el resto queda en el auto y vamos sacando de acuerdo a lo necesario.
Yendo en auto el cochecito no es un problema, va al baúl con todo el equipaje, pero como contrapartida surge la necesidad de asegurar a los chicos a los asientos. Lo ideal es llevar la propia butaca para auto, porque las butacas que me proveyeron con el auto alquilado estaban bastante deterioradas, pero es bastante engorroso viajar con ella y más si hay que llevar mas de una. Así que la solución es alquilar una junto al auto o bien, dependiendo de la situación, directamente comprar una en destino ya que si el alquiler es de varios días quizás resulte mas barato comprarla.
Otra opción es comprar un booster portátil, tal como comenté en este post. Esta solución es posible sólo si los chicos tienen la relación estatura/peso necesaria, en chicos menores a 4 años será necesaria la butaca si o si. Para mas información, hice otro post acerca de las reglamentaciones del uso de butacas infantiles.
En resumen, el auto es un sí rotundo salvo para moverse dentro de ciudades, donde mi recomendación es el transporte publico. Y si el viaje contempla solo ciudades grandes relativamente cercanas, tampoco creo que se justifique alquilar auto. Por ejemplo, si hacemos Londres, Paris, Venecia, Florencia y Roma, no me parece conveniente un auto, yo haría Londres a París en tren y luego avión a Italia, dentro de la cual también usaría tren.
No hay mejor forma de llevar equipaje que en mochila. Te obliga a limitar el peso, te deja las dos manos libres, te evita depender del estado de la calle/vereda para arrastrar una valija, te facilita enormemente subir a cualquier medio de transporte.

Estas ventajas aplican para toda ocasión, y también al viajar con chicos. Nosotros nos movilizamos con una mochila grande cada uno y yo con otra mas chica que usaba colgada hacia adelante. De esta forma me quedaban los brazos libres para llevar el cochecito, levantar a Thiago si hacía falta, doblar el cochechito, subir a algún transporte o, fundamental, sacar fotos.
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En paralelo con esto, las posibilidades de conexión con la ciudad son menos que en otras ciudades europeas. No hay tren, no hay subte (metro) y las posibilidades se reducen a un ómnibus y un servicio de shuttle. Además de las habituales, como el taxi y el alquiler de auto.
Si bien nosotros alquilamos auto al llegar, no voy a detenerme en este punto por que no es necesario. Vamos entonces con las opciones de transporte público.
Hay una empresa habilitada llamada MiniBUD (dato para los que no lo sepan, BUD es el nombre del aeropuerto de Budapest en el código IATA) que, por lo que ví, funciona mas como un taxi que como un transfer con paradas definidas ya que hace un servicio puerta a puerta. Según la web los precios arrancan desde los 6 euros y suben conforme a la elección de vehículos compartidos o privados.

Según la web del aeropuerto la empresa habilitada para prestar servicio de taxi es Fotaxi y la tarifa aproximada al centro es de 26 euros. Parece una buena opcion si viajan varias personas.
Hay dos lineas que conectan el aeropuerto con la ciudad, una es la 200E que sale del aeropuerto y tiene unas cuantas paradas hasta llegar al centro de la ciudad:
La otra linea es la 100E, que no es una línea común si no un shuttle específico para el aeropuerto. Por este motivo tiene solo 2 paradas entre el aeropuerto y el centro de la ciudad y además un costo fijo de 900 HUF (que hoy en dia son alrededor de u$s 3).

Este ómnibus es el transporte que elegimos para ir y venir al aeropuerto una vez que devolvimos el auto alquilado. El servicio funciona bien, pero se viaja un poco apretado. Nosotros teníamos solo mochilas, pero íbamos con dos chicos y un cochecito. Desde el aeropuerto el viaje es un poco mas caótico porque hay una larga y poco ordenada fila para subir y es menos probable encontrar asiento. Además el espacio para equipaje no abunda. Saliendo desde el centro de la ciudad subimos primero y nos pudimos sentar fácilmente.

Los tickets se pueden comprar en las máquinas autoservicio o bien dentro del aeropuerto en la oficina de información de transporte público.
La línea 100E tiene las siguientes paradas:

Mas información sobre cómo viajar desde y hacia el aeropuerto de Budapest se encuentra en la web del aeropuerto (https://www.bud.hu/) y en la de la empresa de transportes de la ciudad (https://bkk.hu/).
]]>En Airbnb, Booking.com y otros sitios el lugar aparece como Melody Apartman. A continuación mi crítica sobre el alojamiento.

Web: https://melodyapartman.business.site/
Direccion: Eger, Szent János utca 12, 3300. Hungría.
Dos noches a principios de septiembre de 2018, casa completa de dos ambientes compuesta por habitación, living/cocina y baño. Desayuno no incluído. u$s 75 por noche.

La casa se encuentra en pleno centro de Eger. A 50 metros de Dobo Istvan, creo que la plaza principal de la ciudad. No se me ocurre una mejor ubicación posible.
Llegar en auto es un poco complicado, porque la zona está vedada al trafico vehicular, pero nuestra host nos prestó un permiso municipal para poder estacionar el auto dentro de esta zona a 300 metros de la casa. Desde allí llegamos caminando con el equipaje y dejamos el auto todo el tiempo que permanecimos en la ciudad.
Es una ciudad bastante chica y se recorre caminando, al menos la parte mas céntrica. Desde nuestra ubicación teníamos en un radio de pocos metros desde cajeros automáticos hasta restaurantes, supermercados, heladerías y hasta un McDonalds.
La casa se encuentra en una especie de condominio, así que hay un portón que da a la calle luego del cual se accede a un patio donde está la puerta del departamento. La calle es peatonal, al igual que todas las circundantes.

La casa tiene wifi, televisión, cocina completa con utensilios, microondas, heladera, cafetera, etc. Tengo que destacar el estado general de la cocina en general, absolutamente impecable, como recién comprado. También hay lavarropa, el cual usamos luego de la primer semana de viaje para poner en orden toda la ropa que habíamos usado hasta ese momento.

La ropa de cama y toallas también están incluidas y, al igual que en la parte de la cocina, todo se encuentra inmaculado.
Por tratarse de una casa no hay servicios propios de hotelería. Así que no, nadie va a hacer la cama o limpiar por la mañana para que al volver a la tarde todo esté ordenado.

Con Melody, la propietaria, intercambiamos mensajes en las semanas previas y luego nos contactamos por Whatsapp antes de llegar. Nos encontramos sin problemas y nos facilitó el ingreso al centro de la ciudad con el auto prestándonos el pase de residente, ya que como mencioné antes es una zona vedada al tráfico.
Luego del primer día no la volvimos a ver, pero siempre se mostró muy amable y servicial.

La habitación es muy amplia. Hay mucho lugar para la cama y ademas para una cuna, todo en excelente estado de conservación. La cama resultó muy cómoda, al igual que la cama armada en el comedor utilizando el sofá-cama.
La casa no es «enorme» pero resultó muy cómoda y práctica. Un detalle es que no hay mesa con sillas, únicamente una barra con sillas altas delante de la cocina. No nos resultó para nada molesto sentarnos de esa manera, quizás en una estadía muy larga sea más practico una mesa tradicional, pero para nosotros estuvo bien así.

Tal como vengo diciendo a lo largo del post la casa estaba tan bien mantenida y ambientada que me daban ganas de irme a vivir ahí.

Este apartado lo uso mas que nada en hoteles, porque en este caso la comida quedaba por cuenta nuestra en un 100%. Por el lado de la cocción había microondas y cocina con horno. Ademas de cafetera, tostadora y todos los utensilios necesarios para no cocinar y no pasar hambre.

Lo bueno:
-El estado general de la casa y los elementos presentes en ella es 10 puntos sobre 10.
-La ubicación es inmejorable, en la zona mas central de la ciudad.
-El precio me pareció más que acorde a lo ofrecido.
Lo malo:
-Esta es una de las pocas veces que no tengo nada para criticar.

Veredicto: Es imposible no recomendar este alojamiento. Desde la ubicación hasta las características del mismo son excelentes.
Para quién si:
Quienes buscan departamentos bien ubicados y en muy buen estado y se adaptan a las dimensiones. Porque si bien pueden alojarse cuatro personas, dos de ellas dormirán en el comedor.
Para quién no:
Quienes busquen un hotel tradicional o no tengan ganas de lidiar con lo que implica una casa, como por ejemplo que nadie va a limpiar o cambiar las toallas todos los días.

Encontré a Holloko en alguna web que hablaba de ciudades tradicionales húngaras y me pareció lo suficiente linda (muy linda) y cercana a Budapest (menos de 100 km) para utilizarla como escala de descanso.

En este pequeño pueblo hay varias opciones para alojarse, incluído un bastante lujoso hotel ubicado apenas en las afueras llamado «Castellum Hotel Hollókő«, con excelentes criticas y servicios pero con consecuente precio.
Por supuesto no es ahí a donde fuimos. Entre las alternativas encontré una posada que ofrecía casas enteras en el mismo casco histórico del pueblo a un precio mas o menos razonable y también con muy buenas criticas. Negocio redondo.

Terminamos contratando a través de Booking.com en Hollóköves Vendégházak
A continuación mi crítica sobre el hotel.
Web: http://hollokoves.hu/
Direccion: Hollókő, Kossuth u. 50, 3176 Hungría

Una noche a fines de agosto de 2018, casa completa de tres ambientes compuesta por habitación con baño en primer piso y en planta baja cocina, segunda habitación y baño. Desayuno incluído en el restaurante que forma parte del complejo y que se ubica a unos 150 metros de la casa. u$s 160 por noche.

El hotel/posada/hostería o como quiera llamarse, se divide entre lo que podríamos llamar «la administración», que se ubica en la rotonda central del pueblo y funciona también como restaurante y lugar para desayunar, y las casas para alojamiento, que se encuentran a unos 150 metros dentro del casco histórico. Esta última ubicación no es un dato menor. No se puede ingresar libremente con el auto hasta la casa porque la zona está vedada al tránsito salvo para residentes o huéspedes. Entonces al hacer el check in nos abren la valla móvil que hay en la calle y recién ahí podemos pasar.

Dado que el pueblo es muy chico no hay mucho para decir acerca de la ubicación, estamos en el centro del pueblo y en una de sus calles mas pintorescas. A pocos metros está la fotogénica iglesia, el museo, una panadería y un restaurante, además del que mencioné antes.

Saliendo un poco, ya con el auto, estamos a 5 minutos del castillo. También hay senderos para hacer el recorrido caminando a través del bosque y, en caso de contar con tiempo y ganas, yo recomendaría llegar al castillo de esta forma.


En el precio está incluido el wifi (que funciona en el restaurante, pero no recuerdo si llegaba a la casa), desayuno y poco más. Nada más de hecho. No hay servicios extra como pileta, sauna (¿qué cosa?) ni nada de eso. Por supuesto está incluida la provisión de toallas y ropa de cama como en cualquier hotel.

En la cocina se encuentran elementos para cocinar, desde microondas y heladera hasta cafetera eléctrica pasando por distintos utensilios de cocina. Es un lugar en el que se puede permanecer varios días. Solamente habría que buscar alguna despensa donde comprar, porque no vi ninguna en esa parte del pueblo.
En el predio donde se ubica la casa hay bastante espacio que podría usarse como cochera, pero no es necesario dado que el auto se puede dejar en la misma calle.

No tengo mucho para aportar al respecto, el trato que tuvimos fue poco pero siempre amable. En la noche del día que llegamos quisimos ir a comer a alguno de los lugares del pueblo, pero no calculamos que en esta parte del mundo la cena se hace a las 19:00 como tarde. Así que cuando llegamos a las 20:00 para cenar ya estaba todo cerrado. Todo excepto un bar, al que entramos a consultar si tenían algo para comer. La única persona del lugar que podía hablar alguna palabra en inglés nos ofreció lo único que tenía disponible: un paquete chico de snacks y una bebida. Pero muy amablemente llamó por teléfono a otros dos bares cercanos (de otro pueblo) para ver si alguno de ellos aún estaba abierto para poder ir a comer. Y por supuesto que no lo estaban. Ese fue nuestro máximo trato con los residentes de Holloko.

La casa está construida en dos plantas. Abajo se encuentra la cocina y una habitación y baño y en la superior hay una habitación con otro baño.
Las habitaciones son grandes, amplias y tienen mas que suficiente lugar. Como se suele ver en distintos hoteles, las camas eran dos individuales colocadas una junto a la otra para formar una cama grande. Esta solución no es la que mas me gusta, aunque se repite en gran cantidad de alojamientos. Aún así, las camas fueron muy cómodas.

No hay aire acondicionado, aunque probablemente no sea necesario en esa zona y con respecto a la calefacción había radiadores bastante grandes, los que hacen pensar en el crudo invierno de estas latitudes.
El resto de los ambientes también son amplios y cómodos. Los baños están bien equipados con una única critica a la ducha, que no tiene ni cortina ni vidrio ni nada que evite mojar todo el piso al bañarse. La cocina tiene todo el equipamiento necesario para cocinar y comer ahí mismo y, obviamente, cuenta con heladera.

El desayuno estaba incluido en el precio y se sirve en el restaurante que también es la administración del hotel. El mismo se encuentra a unos 150 metros de la casa. No es tipo buffet si no a la carta. Además de fiambres, pan y mermeladas el resto de las opciones incluyen huevos en distintos formatos. Jamón con huevos duros, huevos revueltos con panceta, huevos fritos con no se qué, huevos tal cosa con tal otra…. Y así.

Como comenté antes, la casa tiene cocina y también hay varias opciones en el pueblo para comer en restaurante. Eso si, hay que ir no mucho mas tarde de las 18:00 porque después de las 19:00 ya todo comienza a cerrar o ya está cerrado.

Lo bueno:
-La relación precio/calidad resultó apenas aceptable. El alojamiento me gustó pero no es barato.
-La casa/habitación fue muy cómoda, aunque la escalera para acceder a la planta alta siempre es un riesgo con chicos pequeños.
-La ubicación es muy buena, en pleno casco histórico del pueblo
Lo malo:
-El wifi no alcanzaba a la casa.
-El precio es un poco elevado, aun siendo un lindo lugar.
-El desayuno no ofrece gran variedad, aunque por lo que ví creo que está bien para las costumbres locales.

Veredicto: Holloko me pareció un pueblo muy pintoresco y me alegro plenamente de nuestro paso por allí. Dicho esto, el precio del alojamiento, que es uno de sus puntos flojos, queda bastante justificado. Sumado esto a sus comodidades, tenemos un destino y un alojamiento que sin dudas son para recomendar.
Para quién si:
Quienes buscan lugares que salen un poco de lo tradicional, sin tampoco por esto entender que estamos en algo sumamente excéntrico. Quienes viajan con familia numerosa y quieran alojarse en una zona donde reina la tranquilidad.
Para quién no:
Turistas en busca de un alojamiento con más servicios o de mayor categoría. Quienes busquen un hotel tradicional.
Corría junio o julio de 2017, a poco de nacer Thiago, y yo le planteaba a mi mujer: «el año que viene, tenemos que ir a Europa». Ella, acostumbrada a las frases en ese formato (en «inserte fecha» tenemos que ir a «inserte destino») medio que me dice «bueno, dale, vamos viendo», pero con la clara y única intención de que no moleste demasiado. Más aún sabiendo que recién llegaba nuestro segundo hijo y aún teníamos mas de un año por delante.
Hoy me siento a escribir este resumen que no es otra cosa que la historia de ese viaje a Europa finalmente concretado.
Algo que sabía desde un principio era que quería viajar en agosto, preferentemente los últimos días. El motivo principal era que Thiago vaya, dentro de lo posible, sabiendo caminar. Y por otro lado tampoco quería perder las bondades del verano, por lo que ir en octubre o noviembre no era una opción. Salir a fines de agosto para volver a mediados de septiembre, esa era la idea.
En aquella temprana época de planificación, faltando mas de un año, ni siquiera podía ver los precios de los vuelos. Así que la primera idea de valores la fui haciendo usando fechas de junio y de julio en algunas web que lo permitan.
Mientras tanto arrancó la programación del itinerario, tarea compleja en extremo. No quiero extenderme demasiado en esto, pero pasé por un sinnúmero de posibilidades. Llegar a Alemania, volver desde Holanda, llegar a Italia, volver desde Inglaterra, llegar a España, volver desde….Ir en auto de Barcelona a Estrasburgo, luego en tren a Belgica, Luxemburgo y Holanda, hacer Alemania en auto, hacer Reino Unido en auto, ir a Polonia, ir al este europeo, Dinamarca, Suiza, sur de España, pasar por Andorra, ¡Ey!, me gustaría conocer Lietchtenstein….Bueno, me calmo.
Así me pasé el siguiente año. Recorriendo Google Maps y Google Earth, mirando lugares y alojamientos en esos lugares, como llegar y que hacer. Así llegué a un punto clave de todo viaje que es saber a dónde queremos llegar y de dónde queremos volver. Esta vez, y dentro de las distintas opciones que barajé, esa eleccion se dió desde el lado económico.
Los pasajes mas baratos que encontré eran saliendo de Buenos Aires hacia Barcelona y regresando desde Londres, ambos tramos en empresas «low cost». No eran exactamente los mas baratos en realidad, si no los mas convenientes. El mas barato era yendo y volviendo desde Londres, pero como no íbamos a estar únicamente en esa ciudad eso implicaba que, o a la ida o a la vuelta, deberíamos resignar un día para hacer el vuelo de conexión a o desde la primera o ultima ciudad que visitáramos.
Ya estábamos iniciando el 2018 cuando un día aparecieron precios interesantes en el Buenos Aires-Barcelona con Level a través de la web de Iberia. Lo dejo pasar para revisar en días sucesivos. Sigue mismo precio un par de días más para luego subir. ¡¡Oh no!! A los dos días vuelve a bajar. ¡Compremos ya!
Tenemos los tickets de ida. Como no nos alcanzaba el limite de la tarjeta utilizamos dos, pero como en la web no permite comprar con dos tarjetas y vía telefónica cobran recargo, optamos por comprar para 1 adulto (yo) y los 2 chicos con una tarjeta y para el otro adulto con la otra. Esto está muy bien, salvo por el hecho de que se generan dos números de reserva distintos que no tienen relación entre si. Mas adelante surgirán novedades al respecto.
Paralelamente, venía revisando la web de Skyscanner (y dejando 20 alertas programadas) para el vuelo de regreso desde Londres. Pasó algo parecido, de repente buen precio durante unos días, luego subió, bajó, volvió a subir y ahí decidí comprar porque la ansiedad estaba a punto de enviarme sin escalas al hospital. De las webs que ofrece Skyscanner la que mejor oferta tenía era eDreams UK. Desconozco si era porque estaba comprando más de un pasaje o por una promoción propia, pero el vuelo de Norwegian lo ofrecia con 2 valijas despachadas por pasajero y comida incluída (lo cual es una rareza, ya que siendo una low cost estos servicios se pagan aparte). El precio en eDreams era mas bajo que en la web de Norwegian.
Con todas las dudas, compré. Pasaba lo mismo que con el vuelo de ida, no daba el limite de la tarjeta. De nuevo, un pasaje por aquí con esta tarjeta y los otros por allí con esta otra. De nuevo dos reservas separadas.
Nos vamos un 25 de agosto y volvemos el 17 de septiembre. Pasajes en mano ya la planificación tomó un rumbo mas definitivo y el itinerario se fue consolidando cada vez más, siempre con la idea de recorrer mucho pero teniendo en cuenta que íbamos con dos chicos.
Todo comienza a las 23:00 hs del 24 de agosto (13 horas antes de la salida de nuestro vuelo) cuando recibo dos mails de Level (uno por cada reserva) diciendo que el vuelo iba a salir a las 02:30 del 26 de agosto (es decir, 14 horas después de la hora original). Las que siguieron fueron horas de incertidumbre que rozaron el pánico y que detallé en este post.

Luego de ir a Ezeiza muy temprano a consultar el estado del vuelo, volver a mi casa, volver a ir en familia a Ezeiza y nuevamente volver a casa, finalmente todo quedó resuelto. Nos vamos a las 21:00 hs. del 25 de agosto en Iberia. Me quedo con las ganas de conocer Level y tenemos que volar con escala en Madrid (en vez del vuelo directo), pero a cambio obtengo la comida gratis y, lo mejor, viajamos de noche. Ideal para que los chicos duerman.

El vuelo fue mejor de lo esperado en relación al comportamiento de los chicos, tanto la ida a Madrid como el tramo a Barcelona.
Llegamos al aeropuerto de Barcelona desde donde fuimos en tren al centro (en este post cuento sobre otras opciones de traslado) y, desde ahí, tomamos un taxi al hotel. Habíamos reservado el alojamiento en el Holiday Inn Barcelona City (acá la crítica) comprando mediante canje de puntos Superclub del banco Santander Rio. Prácticamente la mitad del costo del hotel fue saldado con puntos y la otra parte la hicimos en cuotas. Resultó ser muy conveniente esta opción dado los altos precios de Barcelona. Y hablando de altos precios, lo que no resultó tan caro en esta ciudad es la comida en el supermercado. Así lo muestro en este post.

En Barcelona visitamos lugares como el Castillo de Montjuic, al cual llegamos en el teleférico y funicular, y algunos puntos icónicos del legado de Gaudí. Ingresamos a la Sagrada Familia, y visitamos exteriormente la Casa Battlo y la Casa Milá. También conocimos un poco del Parque de la Ciudadela y, por supuesto, recorrimos el Barrio Gótico y la Rambla. En nuestra última noche pasamos también a conocer la Fuente Magica de Montjuic aprovechando que estaba en funcionamiento.

Barcelona fue una ciudad en la que caminamos bastante. Un poco porque fue el primer destino y estábamos con toda la energía y otro poco porque fue donde mas tiempo estuvimos. Probablemente la mejor idea que tuvimos para este viaje con chicos fue comprar la «patineta» para agregar al cochecito y poder llevarlos sin que tengan que caminar. O al menos que no tengan que caminar todo el tiempo. Viéndolo ahora a la distancia, es inimaginable haber hecho un viaje de estas características con mi hijo mayor obligado a caminar o, peor aun, pidiendo a upa todo el tiempo. La patineta adosada al cochecito nos permitió recorrer mucho con un esfuerzo minimo y sin que los chicos se cansen. Es barata, la compre en Mercado Libre por $ 1000 en su momento (al cambio de aquella vez eran unos u$s 25) y se puede adaptar a casi cualquier cochecito. Para viajar en el avion la desarmé y guardé en la mochila, el cochecito viajó por separado. Al llegar al aeropuerto y recibir las mochilas la coloqué y comenzamos a utilizarla de inmediato. La recomiendo un montón.

Desde la capital catalana nuestro viaje seguía detrás de la ex Cortina de Hierro. Teníamos vuelo con WizzAir directo a Budapest (que detallo en este post) saliendo el viernes 01 de septiembre a las 09:30 am. Para estar en horario tuvimos que levantarnos muy temprano y mi mujer consideró que lo correcto era ir en taxi al aeropuerto. Mi opinión era que podíamos ir en tren sin mayores problemas.

Si bien podíamos ir en tren, debo reconocer que, para salir 06:30 am con los chicos semi dormidos y las mochilas y cochecito, fue mejor idea ir en taxi a pesar del costo extra. Nunca se lo reconocí a ella de todas formas.
Llegamos a El Prat en tiempo y forma ya que a esa hora tardamos unos veinte minutos y poco más para llegar desde el hotel. El check in se demoró en abrir pero luego lo hicimos rápido gracias a tener el priority boarding que había comprado junto al equipaje.
El vuelo salió casi una hora mas tarde y, tristemente, me quedé dormido en la mitad del viaje. Tenía una mínima expectativa de ver desde el aire a Crnice, el pueblo de mi abuelo en Eslovenia. Ya había analizado el recorrido del vuelo y elegido asiento en consecuencia. Pero no pude lidiar con el sueño y me quería matar al despertarme.
Llegamos a Budapest un poco mas tarde de lo previsto y luego de recoger el equipaje nos dirigimos directamente al mostrador de Buchbinder, la empresa a través de la cual alquilamos el auto en Rentalcars.com. Me detengo un segundo acá. Si bien los precios de Rentalcars son en general muy tentadores, no incluyen ciertos cargos, como el extra por retirar en aeropuerto, el cual pagamos al momento de tomar el vehículo. Si contratamos directamente con la agencia (Hertz, Avis, etc) en general estos costos están aclarados al momento de hacer la reserva. Aún asi el precio total que pagamos del alquiler fue muy bueno.
Luego del papeleo habitual en estos casos, fuimos al área de parking del aeropuerto a retirar el auto. Allí mismo pedí la silla infantil para Thiago y me ofrecieron una que tuve que aceptar por ser la única disponible, pero no era demasiado buena, tanto por calidad como por «estado de conservación». Por suerte había comprado en Amazon.es, antes de viajar, un booster portátil para que use Thomas y al menos prescindir de alquilar otra butaca.

El auto publicado en Rentalcars era un «Opel Astra o similar» y el «similar» que nos tocó fue un Skoda Rapid. Desde que comencé a buscar auto para alquilar quería manejar un Skoda y finalmente el destino así lo quiso, la experiencia fue muy buena y el auto respondió a la perfección. Me tomé un rato para hacer un breve test que aún no publiqué.
Había planes (mios) poco realistas de visitar el museo aeronáutico del aeropuerto, pero no fue posible. Así que desde el aeropuerto nos fuimos directo a la primer localidad que íbamos a visitar, Holloko. Ubicado a unos 100 km de la capital húngara, es un pueblo muy chico y a la vez muy pintoresco donde ya teníamos reservado el alojamiento en Hollóköves Vendégházak a través de Booking.com. Llegamos, nos dieron la llave de la casa asignada (eran una serie de 3 o 4 casas muy completas) y fuimos a dejar parte del equipaje. Hice la crítica del lugar en este post.

Luego salimos a caminar por el pueblo y buscar un lugar para tomar la merienda con los chicos. A pocos metros de nuestra casa había una «panadería» por decirlo de alguna forma. Muy prolija y pequeña a la vez. Compramos unas galletitas y algo así como panes de queso que, junto a una leche chocolatada, fue nuestra merienda en la puerta misma de este negocio donde aprovechamos una mesa con sillas que estaban libres.

Eran ya las 6:00 de la tarde y la panadería estaba por cerrar, el señor que atendía muy gentilmente nos trajo una bolsa con panes de queso y me la dió diciéndome «for the kids». Se ve que no le servirían para el dia siguiente y bueno, nos la regaló. Nos vino bien, porque si bien había lugares para comer en el pueblo, a la hora que quisimos salir (alrededor de las 20) todo estaba cerrado. Tuvimos que comprar el último paquete de papas fritas que había en el bar del pueblo, lo único abierto, y juntarlo con los panes de queso para hacer nuestra cena.
Al día siguiente recorrimos un poco mas del pueblo, incluido su clamorosamente pequeño museo, y nos fuimos a nuestro próximo destino. Pero antes, pasamos a visitar el castillo de Holloko que está ubicado en las afueras del pueblo sobre una colina que domina toda la zona.
Ahora si, partimos rumbo a Eger. Si bien era muy cerca, unos 90 km, tardamos algunas horas en llegar, básicamente porque, ademas de parar para comer algo, fuimos por la ruta que pasa por varios pueblos y, en general, manejo despacio para poder disfrutar de los paisajes.

En Eger teníamos alojamiento reservado via Airbnb y ya le había avisado a la dueña la hora de nuestra llegada. Extrañamente nos cito en la calle, a varias cuadras del departamento. Era una chica joven que resultó tener genes argentinos, ya que su madre era húngara pero su padre argentino. Por esas cosas del destino, sus padres se separaron y ella se fue con su madre a Hungría. Resultó una persona super amable y su casa era perfecta. Desde el estado general, hasta el equipamiento y pasando por la ubicación. 10 puntos sobre 10.
Melody, así se llama, nos prestó una tarjeta de acceso al centro histórico para que podamos ingresar con el auto y este quedo estacionado durante toda nuestra estadía. Eger es una ciudad chica y se recorre a pie.
La ciudad es encantadora. Ademas de caminar y recorrerla se puede visitar el castillo (al que no fuimos) y algunas otras atracciones como la «Cámara Obscura» y «La ciudad debajo de la ciudad».
En Eger estuvimos dos noches, sin chicos es tiempo mas que suficiente para visitar la ciudad. A nosotros nos quedó pendiente el castillo.

Nuestro viaje nos llevaba fuera de Hungría, a Eslovaquia. Mas específicamente a la ciudad de Kosice. Desde Eger son unos 150 km, pero en lugar de ir por la ruta sugerida por Google Maps tomé una ruta secundaria que pasa por el Parque Nacional Bukki y por la localidad de Lillafüred. ¿Por qué? Había visto lindas fotos de esta ciudad y como quedaba relativamente de paso quería aprovechar y conocerla.
El camino dentro del Parque Bukki es extremadamente sinuoso y se desarrolla completamente rodeado de bosque. En algunos tramos el bosque se cierra sobre la ruta ofreciendo hermosos paisajes. La sucesión de curvas hizo que en un momento Thomás se sintiera mal y vomitara. Estrenamos el auto y el booster que había comprado. Por suerte en Kosice nuestro alojamiento tenía lavarropas para lavar el booster.
En Kosice nuestro host nos esperaba en la puerta del departamento. Fue un poco caótico conseguir lugar para estacionar después, si bien en la calle con parquímetro era un poco mas barato, preferí pagar un par de euros mas y dejarlo en un predio de estacionamiento. No lo pensé tanto por la seguridad si no por miedo a dejar el auto sin querer en alguna zona no cubierta por el parquímetro y luego recibir alguna multa o, peor aun, que me remuevan el auto. En un viaje con tantos traslados milimétricamente calculados no hay lugar para situaciones imprevistas. Como curiosidad, en los parquímetros de Kosice hay que tipear la patente del auto (para eso tienen un teclado completo) y con ese dato queda registrado el estacionamiento.

Kosice es una ciudad pintoresca, pero a la vez la ví, no se expresarlo mejor, un poco «oscura», apagada podría decirse. Me quedó la sensación de que Eger tenía mas vida a pesar de ser una ciudad mas chica.
La ubicación de nuestro departamento era excelente al igual que el departamento en si mismo. A la hora de buscar un defecto, podría decir que estaba en un primer piso por escalera. La verdad es que subir el cochecito por escalera no es cómodo. Pero como estuvimos solo dos noches ni se me ocurre mencionarlo como algo que me haya molestado. El host nos dejó dos latas de cerveza y unos snacks de cortesía. Comimos los snacks y le dejamos la cerveza, mi mujer y yo no tomamos.

En Kosice, al igual que sucede en muchas ciudades, hay que pagar la tasa de turismo del municipio. Como al llegar no tenía cambio (eran 6 euros en total), nuestro host me dijo que al irnos le deje los 6 euros en la mesa y tire la llave en el buzón. Le pregunté si iba a pasar a ver la casa, que todo estuviera en orden, pero me dijo que no, que no hacía falta. Me sorprendió esa confianza, quizás es algo habitual, quizás vernos con chicos inspira mas confianza, no lo sé, pero es algo en lo que siempre pienso. Si estuviese alquilando mi propia casa, ¿me manejaría de la misma forma?. No lo sé, supongo que sería un poco desconfiado.

Finalizando nuestra estadía en Kosice salimos temprano del departamento y, por supuesto, dejamos la tasa de turismo sobre la mesa y las llaves en el buzón. Pero antes de partir hacia nuestro próximo destino tenía una visita pendiente, el Museo de Aviación de Kosice (el cual describo mejor en este post). Nos fuimos hasta el aeropuerto de la ciudad donde, en un predio contiguo, se encuentra dicho museo. La experiencia valió la pena: vimos, «tocamos» y fotografiamos aviones como el MIG-29, Phantom F-4 y helicópteros como el tremendo MIL MI-24. Finalizada la visita partimos rumbo a Spania Dolina.

Inicialmente tenía previsto, dentro de Eslovaquia, visitar Kosice y Bratislava, pero la distancia entre ambas ciudades me llevó a decidir hacer una parada intermedia para que el viaje no sea tan pesado para los chicos. Y en estos casos no es que simplemente busco un punto intermedio y elijo el primer hotel barato, ¡NO!. Hice un recorrido bastante minucioso con Google Maps de la ruta que íbamos a hacer buscando lugares que me resultaran interesantes para parar y pasar la noche. El primero que surgió fue un pueblo muy particular llamado Vlkolinec (ampliaré en post aparte). Difícil de pronunciar, ¿no?. Lamentablemente nunca me respondieron del único alojamiento que encontré en este pueblo. Otro lugar que tenia dentro de las posibilidades era un antiguo pueblo de mineros en medio de la montaña, Spania Dolina. El hotel que encontré me contestó rápido y finalmente pude comprar por Booking.com.
Llegamos alrededor de las 16 horas a Spania Dolina, después de varias horas de ruta que incluyeron algunas paradas para comer y para visitar (pasé fugazmente por el pueblo que mencioné antes: Vlkolinec).

El hotel estaba muy bien, en pleno ¿centro? del pueblo. Mas allá de alguna persona que estaba de paso tomando algo en el bar, en el hotel estábamos solos. Como en otros lugares de Europa Oriental, acá se come temprano. A las 19 horas cerraba el restaurante. ¡A LAS 19 HORAS!. Bueno, 18:20 estábamos cenando. Increíble.
Al día siguiente caminamos un poco por el pueblo luego del desayuno y salimos nuevamente a la ruta. Esta vez con Bratislava como destino.

El viaje fue bastante breve y apenas pasado el mediodía estábamos llegando. Teníamos reservado un departamento que contraté mediante Despegar.com y resultó excelente. Era una cadena de alojamientos llamada Ambiente Serviced Appartments que alquila departamentos. El nuestro era enorme y completamente equipado. La ubicación excelente también. El único defecto es que la recepción estaba a unos 2 o 3 kilómetros y nunca nos avisaron que teníamos que ir ahí primero para que nos den la llave. Por suerte habíamos comprado el chip para el celular y pude llamar por teléfono para que me pasen la dirección del lugar, no se como lo hubiese resuelto si no era de esa forma.

Nos quedamos en Bratislava tres días y dos noches y, en ese lapso, pudimos recorrer la ciudad con bastante tranquilidad. Siendo una ciudad muy chica no hace falta demasiado tiempo para visitarla. No estoy de acuerdo con algunos comentarios que leí previamente en donde se recomienda visitarla durante el día desde Viena, es decir, ir por la mañana y volver por la noche. Si bien de esta forma se pueden conocer los principales atractivos de la ciudad, siempre elijo pasar al menos una noche en cualquier lugar al que viajo. Me parece una buena forma de adentrarme en la vida del lugar, aunque sea en forma mínima.
En Bratislava se destaca el centro histórico de la ciudad y el castillo. Este ultimo se puede visitar por dentro de las murallas en forma gratuita, aunque sin entrar al castillo propiamente dicho. El ingreso se cobra aparte y, si bien nosotros lo pagamos, no estoy plenamente seguro de si merece la pena. El interior es muy lindo, está totalmente reconstruido y alberga un museo de varios pisos donde se visita la historia no solo del castillo si no de Eslovaquia en general. En mi opinión podría estar un poco mas completo, me dejó un sabor agridulce. A pesar de ello, no me arrepiento de la visita, estando en Bratislava sería un pena no visitar uno de sus atractivos principales.

Al tercer día de llegar cargamos nuestro equipaje en nuestro Skoda y dejando atrás Bratislava nos encaminamos hacia Budapest. Casi todo el trayecto se hace por autopista y el viaje es bastante breve.
En mis recorridos por Google Maps previos al viaje había visto que en un tramo de la ruta que une Bratislava con Budapest íbamos a pasar a metros literalmente de la frontera con Austria y, en determinado lugar, se encontraba la triple frontera entre los tres países, Austria, Eslovaquia y Hungría. No hace falta decir que revisé como llegar a ese punto y lo anoté en la lista de lugares a visitar.
Finalmente estábamos entrando a Hungría y llegando a la triple frontera. El lugar está demasiado cerca del paso fronterizo entre Eslovaquia y Hungría, tanto que segun el GPS tenia que desviarme en la aduana a través de una ruta secundaria. Pero en la practica esa ruta estaba cerrada, así que GPS mediante hice un rodeo de algunos kilómetros por camino de tierra que finalmente desembocó en el ansiado destino.

¿Qué hay en la triple frontera? Casi nada, una mesa con bancos de cemento, carteles y poco mas. Alrededor, todo campo, plantaciones y tres países en un radio de pocos metros.
La visita duró poco y rápidamente volvimos a la ruta hacia Budapest, ciudad a la que llegaríamos una hora y algo mas tarde. Teníamos que devolver el auto en el aeropuerto a las 14:00 hs y cuando llegamos a la ciudad era casi las 12:00. Pensamos que seria una buena opción llegar con el auto al hotel, dejar las valijas y luego ir al aeropuerto para volver en el shuttle mas livianos, así que encomendados en ese objetivo ingresamos al centro de Budapest para iniciar la búsqueda del hotel y de un lugar donde poder parar. El hotel estaba sobre una avenida sobre la cual no se podía parar, ni siquiera un momento. Dimos muchas vueltas y finalmente dejé el auto en una calle lateral donde directamente utilicé razonamiento de argentino: lo dejo acá y listo. Por las dudas, mientras yo llevaba el equipaje, mi mujer e hijos se quedaron en el auto para cuidarlo de una eventual grúa.
Con el tiempo justo (nos sobraron apenas unos minutos) devolvimos el auto en el aeropuerto de Budapest y tomamos el shuttle (el bus N° 100) para volver al centro de la ciudad. Apenas salimos, el bus pasó por la puerta del museo de aviación del aeropuerto, un lugar que tenia intenciones de visitar y que al final quedó en la lista de pendientes.

La ciudad de Budapest me gustó y la recomiendo enfáticamente para visitar. Sin embargo, al menos en la zona donde nos hospedamos, había mas turismo que el que uno quisiera. Por supuesto, nosotros también eramos turistas, me refiero a que me recordó, un poco al menos, a Venecia, donde parece haber mas turistas que habitantes. El domingo por la tarde fui a uno de los pocos supermercados abiertos un domingo a la tarde y en la fila para pagar eramos todos jóvenes hablando distintos idiomas. En ese sentido, sentí que fue mas difícil conocer el «espiritu local» de la ciudad, aunque claro que con alejarse de la zona céntrica es suficiente.
En Budapest conocimos la Casa del Terror, un museo que relata la historia de la Cruz Flechada y el paso del socialismo y nazismo por Hungría. Tambien visitamos el Castillo de Buda, aunque sin ingresar al mismo, y el suntuoso Parlamento (visita que no debería dejar de hacerse a pesar de que me pareció muy breve).

Mi resumen de Budapest es que es una ciudad muy agradable de caminar y recorrer y con gran cantidad de atractivos.
Hungría y Budapest fueron nuestro último destino en Europa Continental, desde este lado de la ex Cortina de Hierro nos quedaba cruzar medio continente para llegar a Londres. Un gran acierto en Budapest fue alojarnos a pocos metros del inicio del recorrido del bus N° 100, que lleva desde el centro de la ciudad al aeropuerto, así que una vez que dejamos el hotel apenas tuvimos que cruzar la calle para esperar nuestro transporte. Dejamos pasar uno y esperamos al siguiente para viajar sentados, teníamos las dos mochilas grandes, las dos mas chicas, el cochecito y a Thomy y Thiago.

Llegamos al aeropuerto con bastante anticipación pero, a pesar de eso, no pude acceder a la terraza desde donde se pueden ver las pistas. Otra visita que quería hacer y quedó en la lista de pendientes. Nuestro vuelo salía de la otra terminal y con todos los bártulos no estaba la situación para hacer más traslados.
El check in fue lento, el vuelo se demoró y en la fila no había prioridad de ninguna clase para embarazadas, bebés ni nada, asi que hicimos la fila completa. Una vez despachado el equipaje quisimos hacer uso del VIP de Priority Pass. Había sacado la tarjeta a través de un adicional y, siendo todo gratis, no podía dejar de probar esta experiencia por primera vez.

Para quienes nunca estuvimos en uno, el VIP es un mundo aparte dentro del mundo aeroportuario. Luego de ingresar nos registramos y durante este proceso tuve todo el tiempo la sensación de que habría «algún problema» y no podríamos entrar. Sin embargo no, accedimos normalmente y conocimos las bondades de estos exclusivos salones.
Al principio es raro, hay comida, hay bebidas, hay postres, galletitas, sillones, diarios, etc. Y esta todo ahí, para que uno vaya y se sirva. Es el momento en que uno se debate entre ser refinado y saborear «unos bocadillos» o lanzarse a las bandejas como el desesperado que realmente soy. Si bien comimos algo, pasamos mas tiempo intentando que los chicos no descontrolen el lugar.
Tan entretenidos estábamos que nos pasó el tiempo y al salir nos quedaban solo 20 minutos para la salida de nuestro vuelo. Ya habíamos hecho el check in y solo teníamos que llegar a la puerta que nos correspondía, ¿que podía salir mal?. Bueno, volar de Hungría al Reino Unido implica salir del Espacio Schengen y hacer migraciones, y nosotros aún no la habíamos hecho. El terror mismo nos invadió por completo..
Llegamos ̶c̶a̶m̶i̶n̶a̶n̶d̶o̶ ̶ corriendo a la fila de migraciones y en ese momento, mirando los monitores con la leyenda de «ultimo llamado» para nuestro vuelo, me sentí un absoluto idiota. ¿Cómo estábamos a punto de perder un vuelo, con todo lo que eso implicaba en este caso, por quedarnos paveando en un VIP?. Como acto desesperado mi mujer me sugiere que le pida que nos dejen pasar al primero de la fila. Jamas haría eso, pero en este caso me sentí obligado, así que me acerqué al de adelante y le dije señalando hacia el oficial de migraciones: «please, I’m losing my flight». Sin decirme nada, quizás viendo la desesperacion en mis ojos, asintió con la cabeza y nos mandamos como tromba.
El señor de migraciones, sin embargo, no tenia apuro alguno. Pidió los pasaportes, los abrió, leyó el nombre, miró la foto, nos miró a cada uno, volvió a mirar la foto, nos volvió a mirar a nosotros, me pidio que levante a mis hijos para poder verlos bien…Tranquilo eh, revisá todo lo que quieras pero avisale a los de Ryanair que no se vayan por favor.
Nos dieron los pasaportes y desde ahí concursamos por la medalla de los 200 metros sin obstáculos. Las ruedas del cochechito nunca giraron tan rápido y Thomas iba casi como un barrilete de la mano.

Llegamos a la puerta de nuestro vuelo y….ahí estaban todos, aun no se había abierto el embarque. Uno de los casos en los que la demora de una low cost puede beneficiarte. El alivio. Nos ubicamos en la fila de prioridad porque tenía comprado el ticket con prioridad de embarque. Subimos y nos despedimos de Budapest como si nada hubiese sucedido.

Apenas un par de horas después de despegar de territorio húngaro ya estábamos en pleno descenso hacia el lejano aeropuerto de Stansted en Londres. Con el GPS del celular en mano estuve atento para ver si en algún momento cambiábamos de hemisferio cruzando el Meridiano de Greenwich, sin embargo no lo hicimos. Lo rozamos, pero no lo cruzamos. Stansted se encuentra en el hemisferio oriental. ¿Qué clase de persona se fija en esas cosas? Hola, soy Christian.
A medida que el avión desciende se aprecia mejor el territorio inglés. Las verdes praderas y los campos y pueblos tan prolijos y perfectamente delimitados. De los países sobre los que alguna vez volé, Alemania e Inglaterra (en ese orden) son los dos donde mayor orden pude apreciar desde el aire. Un orden que lleva a pensar y entender inmediatamente el grado de desarrollo de estos países.
Aterrizamos en Stansted cuando ya caía la tarde y, si bien aun era pleno día, la larga fila en migraciones más la posterior espera para retirar el equipaje nos auguraba que saldríamos del aeropuerto casi de noche. Así como en el párrafo anterior alabé el orden ingles, también es digno de criticar su política de «no prioridad para bebés» en migraciones. Estuvimos 40 minutos en la fila y, a pesar de consultarlo, no nos dejaron pasar por la fila rápida incluso estando con un bebé que acusaba cada vez más el tiempo de espera y las horas previas del viaje.
La persona que nos atendió fue amable, nos pregunto a donde íbamos, cuánto tiempo nos quedábamos, de dónde veníamos, cuánto hace que estábamos viajando, hacía donde íbamos después de irnos de Londres y así alguna pregunta más antes de sellar nuestros pasaportes. Si bien mi inglés no es extremadamente fluido y en determinadas circunstancias puede costarme un poco, en general lo puedo manejar, pero una duda que me quedó nuevamente, al igual que la primera vez que fuimos al Reino Unido, es cómo hace migraciones y enfrenta todas estas preguntas una persona que no sabe absolutamente nada de inglés, ¿habrá traductores disponibles? la verdad no lo sé.
Recogimos el equipaje y nos dirigimos a la estación de trenes del aeropuerto. Previamente, un par de meses antes, había comprado los tickets para el Stansted Express, el tren que va desde la estación Liverpool Street en el centro de Londres al aeropuerto. No puedo dejar de recomendar la compra anticipada de estos tickets porque, si bien se pueden comprar en el momento en las maquinas del aeropuerto, habitualmente hay promociones y nuestra compra anticipada nos valió la mitad del precio que comprando en el momento.

La espera para el tren fue breve, alrededor de 10 minutos. Cuando abandonamos el aeropuerto a bordo del Stansted Express ya la noche estaba cayendo impidiéndonos disfrutar demasiado de la vista. Aun así, el viaje fue muy placentero porque el tren es de primer nivel, tal como uno lo esperaría. Desde la insonorización hasta la disposición de asientos enfrentados con mesa pasando por el wifi. Nada para criticar de este servicio que no es barato pero, tal como mencioné anteriormente, se puede conseguir a un valor razonable comprando con suficiente anticipación. Nosotros pagamos unos u$s 15 dos adultos, ya que los menores de 5 años no pagan.
Llegamos al centro de Londres, a la estación Liverpool Street, y nos encontrábamos a unas 8 cuadras del hotel ( 800 metros digamos, porque el concepto de cuadra al que estamos habituados en Argentina no aplica del todo bien en Europa) así que caminamos, mochilas a la espalda y cochecito con patineta para los chicos. Se notaba en el aire que las noches de verano de las que veníamos habían quedado en la Europa Continental, la noche estaba linda pero fresca.
El hotel que teníamos reservado era el Travelodge London City, un hotel relativamente económico pero que resultó tener un muy buen servicio y algo que nos resultó muy útil: un restaurante con precios muy por debajo de la media londinense. La primera noche comimos ahí mismo, habíamos salido del hotel en Budapest al mediodía y recién a las 9 de la noche estábamos instalándonos en Londres. No sería nada del otro mundo si no estuviésemos acompañados por dos pequeños de 4 años y 1 y medio.

Qué linda ciudad es Londres y qué variedad de atracciones tiene para ofrecer. Llegamos un miércoles por la tarde/noche y nos íbamos el domingo hacía Windsor, asi que tuvimos jueves, viernes y sábado completos. En nuestro viaje anterior, en 2011, estuvimos solo un día y medio. Aún siento que me queda mucho por visitar en esta ciudad y, si bien quizás no vuelva en el corto o mediano plazo, sigue estando entre mis mejores destinos.
Nuestra visita en Londres incluyó bastante caminata, recorrimos la zona de Trafalgar Square, cruzamos el Tower Bridge, pasamos por The Shard y tambien por Westminster. Pero lo que mas me gustó, y lo defino como la mejor visita a un museo que alguna vez realicé, fue la visita al Museo Imperial de Guerra.

El Museo Imperial de Guerra te recibe con un enorme espacio abierto de al menos 6 pisos de altura del que cuelgan, literalmente, un avión Harrier, un Spitfire, una bomba volante V1 y, en el piso, una bomba V2. Si, como yo, estás interesado en esa temática, esta recepción te hace entender que las cosas se van a poner buenas. Lo disfruté enormemente a pesar de que ir con chicos tan chicos no es lo ideal si uno quiere recorrer lentamente el museo. Volvería a visitarlo sin lugar a dudas.
En las noches londinenses pasamos por el Borough Market y el Mercato Metropolitano y en ambos quedamos en cierta forma decepcionados porque no nos resultaron comodos para ir a comer con los chicos. En el caso del Borough Market no tanto porque varios locales estaban cerrados, en cambio el Mercato Metropolitano estaba en su plenitud: mucha gente, gran cantidad de locales de comida con mucha variedad (incluso uno argentino) y mesas «comunitarias» en su mayoría (casi todas ocupadas). La cantidad de gente, el formato del lugar, la música…no era un lugar cómodo para sentarse a comer con dos chicos tan chicos. De hecho, los únicos «desubicados» que estábamos con chicos eramos nosotros, así que lo visitamos rápidamente y seguimos nuestro recorrido.
También hicimos algunas compras. Fuimos a Decathlon, como corresponde a toda persona de bien que va a Europa, y también compramos ropa para los chicos en Mountain Warehouse, una cadena de ropa deportiva y de montaña que resultó ser de excelente calidad y a muy buen precio. Me quedé con las ganas de una campera hermosa que vendían por solo 30 libras. La próxima será

Algo que me llamó la atención de Londres es el estilo de los lugares para comer. Intentamos con pizzerías, restaurantes, lugares de pastas pero en lineas generales nos encontramos con un estilo muy de pub. Muy de after office. Música fuerte, luces tenues, mucha gente comiendo en barras o parados, ambientes reducidos, ausencia ABSOLUTA de niños. No digo que todo Londres sea así, por supuesto, pero la realidad es que en las distintas zonas que frecuentamos, principalmente en un radio de 2 km desde The Shard, nos encontramos con eso. Tal es así que terminamos comiendo casi todas las noches, salvo una, en el restaurante del hotel, donde no había demasiada gente y era muy tranquilo ademas de barato.
También hubo tiempo para un rato de sociales, el día anterior antes de irnos hacia Windsor me encontré con Néstor, un amigo virtual de Twitter, que es argentino pero vive en Bulgaria, con quien cortamos esa «virtualidad» aprovechando que ambos coincidimos en Londres en la misma fecha. Al igual que yo tiene su propio blog, pero a diferencia de mi lo actualiza mas seguido. Pueden visitarlo en El Viaje Amado.

El hotel Travelodge London City nos resultó muy convincente en casi todos los aspectos salvo en que extrañamos tener heladera en la habitación. Por el resto, tanto el precio como la ubicación y el servicio, fue una muy buena elección. Un importante plus nos significó el restaurante del hotel, que tenia una promoción por la cual pagando dos menúes de adultos se incluían «gratis» dos menúes infantiles. Exactamente lo que necesitábamos, cada menú de adulto costaba 12 libras así que por 24 libras mas las bebidas teníamos 4 platos principales y 2 postres (que correspondían al menú de adultos y que obviamente compartíamos). A excepción de lugares como McDonalds es difícil encontrar ese precio en otro restaurante de Londres.

Llegado el domingo, día anterior a la fecha de regreso a Buenos Aires, concluyó nuestro paseo por Londres y nos tomamos un tren desde la estación Waterloo que nos llevó, luego de casi una hora de viaje, hasta la estación Windsor & Eton Riverside, a metros nomás del Castillo de Windsor. Desde ahí tenía pensado ir con autobús hasta Legoland, nuestro siguiente destino, pero al llegar a la parada justo se había ido uno y Google Maps me decía que faltaban 40 minutos para el próximo. Pusimos el pecho a la adversidad y, cerrando los ojos para que duela menos, nos subimos a un taxi para llegar de una vez por todas a la tierra de Lego.

El taxi nos cobró £ 16, unos dolorosos AR$ 800, por un viaje de 10/15 minutos. Pero llegamos a Legoland Windsor, nuestra última escala en este hermoso viaje.
Legoland tiene dos hoteles, Legoland Resort y Legoland Castle Hotel. Este ultimo es un poco mas caro pero corre con la ventaja de que si uno llega antes del horario de check in te reciben el equipaje y el mismo personal del hotel te lo traslada luego a tu habitación. En Legoland Resort hay que esperar si o si a realizar el check in y dejar todo personalmente en la habitación. ¿Cual es la diferencia? Aparte de lo obvio, pongo nuestro caso para ejemplificar. Llegamos casi 2 horas antes del horario de ingreso, dejamos el equipaje en el centro de guardado y directamente ingresamos al parque. Al finalizar la tarde fuimos a la habitación y nuestro equipaje ya estaba allí. De otra forma deberíamos haber perdido casi 2 horas de visita al parque esperando para dejar las valijas. Si uno va con auto puede dejar todo en el auto y hospedarse en el Resort, pero no fue nuestro caso.

Legoland me pareció espectacular. Todo. He leído acerca de la inconveniencia de llevar chicos de menos de 8 o 9 años a Disney, porque pueden no disfrutarlo plenamente. Legoland es el lugar que cubre esa brecha entre los 4 y los 8/9 años. Un adulto o incluso un adolescente quizás no disfrute plenamente de este parque, en mi opinión está pensado para los sub 9. Hecha esta consideración tengo que decir que no hay detalles librados al azar, toda la ambientación esta basada en Lego, desde los juegos, hasta el jabón del baño del hotel pasando por las decoraciones presentes en cada rincón.

Mención especial merece el Castle Hotel y su ambientación de castillo medieval que es la principal diferencia con el Resort. A pesar de lo que comenté mas arriba acerca de la edad ideal para este parque, como adulto lo disfruté plenamente.
El paquete que compramos es el publicado como «Second Day Free» de 1 noche de alojamiento que incluye entradas para dos días al parque para todos los huéspedes y desayuno. Es muy importante comprar con anticipación porque entre comprar con 6 meses de anticipación o con 3 días se pueden conseguir importantes descuentos de hasta un 40 %. Si la idea es visitar Legoland recomiendo suscribirse a su mailing y planificar la compra de las entradas incluso de un año para otro (en noviembre/diciembre hay ofertas para compra anticipada de entradas para el siguiente año).

La experiencia fue inmejorable y no puedo dejar de recomendar la visita a este lugar en un viaje con chicos. Pero llegamos al día lunes y nuestro viaje llegaba a su fin.
Ingresamos al parque apenas abrió (los huéspedes del hotel pueden ingresar media hora antes de que se abran las puertas al público) y pasamos nuestro último día en Legoland aprovechando que había poca gente porque era lunes.
Por la tarde recogimos nuestro equipaje y nos tomamos el bus hacia Windsor, desde donde el tren nos llevaría al aeropuerto de Gatwick.

En Gatwick aprovechamos un rato en el VIP, gracias a la tarjeta Priority Pass, y luego buscamos la puerta correspondiente a nuestro vuelo de Norwegian que finalmente nos traería de regreso a Buenos Aires. El avión era muy nuevo, no busqué cual era su antigüedad, pero se notaba. Me llamó la atención las ventanas de oscurecimiento eléctrico, las cuales nunca había visto. No tienen cortinita si no un botón con el cual, en la medida que se pulsa, el vidrio se oscurece o aclara. Interesante también el sistema de entretenimiento, con contenidos para grandes y chicos tanto en películas como juegos. Me divertí un rato jugando a una trivia que permite participar compitiendo contra otros pasajeros.

Viajamos muy bien pero al llegar nos encontramos que nuestro equipaje había quedado en Londres. En Ezeiza hicimos el reclamo y, la verdad, nos fuimos un poco preocupados. Paralelamente hice la denuncia en el seguro de viaje.

Tres días después me llaman de Norwegian para avisarme que el equipaje ya había llegado a Buenos Aires y que me lo traerían a mi casa. Y así lo hicieron, en el horario pautado me trajeron todo lo que habían «olvidado» de cargar y así finalmente dimos por terminado este Euro Trip 2018.
Este viaje fue muy intenso, estar con dos chicos de estas edades implica ciertos sacrificios. Por un lado hay que respetar sus tiempos, tanto de alimentación como de descanso. Por otro lado las visitas a distintos lugares hay que adaptarlas a la familia y no solo a lo que uno quisiera. Visitamos muchas plazas a toda hora, estuvimos subiendo a toboganes a las 10 de la noche o a las 2 de la tarde, porque el viaje es para que todos lo disfrutemos. Y como ya ha sucedido en el viaje anterior a Europa que hicimos con Thomy antes del nacimiento de Thiago, insisto en lo hermoso de viajar con hijos. Es sin dudas de lo mas gratificante de las vacaciones; enseñarles el mundo, compartir experiencias o simplemente estar con ellos las 24 horas sin el «apuro» del día a día en el resto del año. Hay que aprovecharlo ahora, el tiempo, y la vida, se nos van mucho más rápido de lo que a veces llegamos a darnos cuenta.
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Vamos a comenzar por enumerar los medios de transporte disponibles:
Los dos primeros no merecen gran detalle. Como dato importante puedo decir que, si bien no tomamos taxi para llegar hasta el centro de la ciudad, si lo hicimos para ir desde el centro hasta el aeropuerto. El viaje nos costó € 25. Vale aclarar que este viaje lo hicimos desde el barrio El Poblenou y fue a las 06:00 am, es decir que no había nada de trafico en las calles.
Hay un servicio llamado «Aerobús» que conecta las dos terminales del aeropuerto con la Plaza Cataluña, ubicada en pleno centro de la ciudad. El servicio tiene algunas paradas intermedias: Plaza España, Gran Via-Urgell y Plaza Universidad yendo hacia Barcelona y Sepulveda-Urgell y Plaza España yendo hacia el aeropuerto (estas paradas están ubicadas bastante cerca unas de otras y todas conectan con la linea 1 del metro). El Aerobús funciona todos los días y tiene una frecuencia muy alta en el servicio, el boleto de ida cuesta € 5,90 y el de ida y vuelta € 10,20, mientras que los menores de 4 años no pagan. El servicio es independiente del sistema de transporte publico de Barcelona, por lo que los tickets son exclusivos para uso en el Aerobús. Este servicio se diferencia de un autobús urbano tradicional en que tiene espacios para equipaje, wifi, tarda apenas mas de media hora en llegar al centro y (al menos así se vende) es mas confortable.

Si la idea es gastar menos se puede viajar en autobús común, colectivo para los argentinos, ya que varias líneas llegan al aeropuerto. Hay una en particular, la N° 46, que realiza un recorrido similar al del Aerobús. Desde las dos terminales (T1 y T2) del aeropuerto hasta Plaza España (donde se puede combinar con la linea 1 del metro a unos 300 metros). El viaje tiene mayor cantidad de paradas, 15 mínimo hasta el ingreso al aeropuerto, por lo que presumiblemente es más largo en cuanto a tiempo. La diferencia fundamental es que este servicio sí está incluido en el sistema de transporte publico de la ciudad, por lo que podemos comprar por ejemplo una tarjeta T-10 (de 10 viajes) por € 10,20 y estaríamos pagando solamente € 1,02 por el trayecto de un viaje hasta el centro de Barcelona. Y luego seguimos usando esa misma tarjeta en el metro, tren u otro medio de transporte.

Además de la linea 46 hay otras que llegan al aeropuerto como la N17 (linea nocturna) que sale desde Plaza Cataluña y llega a la terminal 1; la linea N16 (nocturna) que también sale de Plaza Cataluña y llega a la terminal 2, y la N18 (nocturna) que une Plaza España con las dos terminales.
Otras lineas conectan el aeropuerto con otras zonas urbanas y suburbanas pero eso escapa al objetivo del post.
El Metro de Barcelona es una red muy amplia, tanto que llega hasta el mismo aeropuerto con la linea 9S. Esta linea tiene paradas tanto en la terminal 1 como en la 2 y conecta a ambas con la Zona Universitaria al oeste de la ciudad. El recorrido pasa lejos del centro de la ciudad, por lo que será necesario hacer una combinación con otra linea. Una opción es bajar en la estación Torrasa y desde ahi subir a la linea 1 que pasa por Plaza España, Plaza Cataluña y Plaza de las Glorias Catalanas, entre otros puntos clave; o bien hacer una estación más, hasta Collblanc, y allí tomar la linea 5 que es la que pasa por la Sagrada Familia o Casa Milá.
El metro, como parte del sistema integrado de transporte, utiliza tarjetas prepagas que se compran en las mismas estaciones. Tanto en máquinas como en boleterías, aunque dependiendo del horario y el lugar quizás solo haya máquinas. Como mencioné antes, una referencia es la tarjeta de 10 viajes (la T-10) que cuesta € 10,20. Esta es la que utilizamos nosotros mayormente.
El tren es el medio de transporte del que menos encontré referencias en lo que respecta a viajar desde y hacia el aeropuerto catalán. Quizás sea por eso que casi me obsesioné con utilizarlo.

Hay una estación de RENFE justo frente a la T2 del aeropuerto, desde allí salen trenes que pasan por El Prat de Llobregat (dónde tiene parada) y luego se sumergen bajo la tierra para cruzar Barcelona en forma paralela al Mediterráneo. En este recorrido subterráneo hay un par de estaciones que son las que nos interesan. La primera luego de El Prat es Bellvitge. Esta no nos interesa. La siguiente ya en zona céntrica de Barcelona es Sants, desde acá salen los AVE de larga distancia y hay combinación con los servicios ferroviarios para España y Cataluña ademas de las lineas 5 y 3 del metro. Luego viene Passeig de Gracia (estamos cerca de Casa Batllo y La Pedrera) y El Clot Aragó, que diría es la última de la zona central de la ciudad.

El tren es parte del sistema integrado de transporte, así que se viaja en él con la misma tarjeta prepaga que se utiliza en el metro o en autobuses.
Ahora bien, cuál es el problema que hay con el tren. Como mencioné antes, la estación está frente a la T2, es decir que si llegamos a la T1 tenemos que subir al shuttle bus que conecta en forma gratuita ambas terminales, bajar del mismo y recorrer unos 200/300 metros para acceder a la estación. Parece muy simple pero en nuestro caso fue un poco mas complicado ya que con mochilas y cochecito y los dos pequeños el traslado entre ambas terminales fue un poco incómodo (los buses de conexión de terminales suelen ir un poco abarrotados de gente).
Como me gusta viajar en tren, nuestra opción era esa o el metro. El metro nos quedaba un poco incómodo porque teníamos que combinar 3 lineas distintas para llegar a nuestro hotel. Con el tren teníamos que combinar con 1 sola. Pero no conté con la incomodidad de llegar a la estación en la T2 y que la combinación con el metro requería caminar unos 300 metros (recordemos, dos chicos de 1 y 4 años, cochecito y mochilas…), si dejo eso de lado creo que el tren es la mejor opción porque para llegar a un lugar céntrico, como la zona de Casa Battlo no hace falta hacer ninguna combinación, desde el aeropuerto son solo 3 estaciones y allí estamos. En cambio con el metro hay que cambiar de linea. Y no es un dato menor saber que no todas las estaciones de metro tienen ascensor o escalera mecánica. Aunque para ser hay que mencionar que el tren también nos deja en una estación subterránea.

Habiendo ya pasado por la experiencia, quizás la próxima vez usaría el metro por el hecho de no tener que cambiar de terminal en el aeropuerto y no tener que caminar entre la estación de tren y el metro con el que necesitaba combinar.
Por supuesto la otra opción bastante conveniente es el Aerobús o simplemente el autobús de linea, que nos dejan directamente en el centro de Barcelona aunque quizás con una demora algo mayor y con, a mi criterio, la incomodidad propia de estos medios de transporte.
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Este será un post breve en que el solo pretendo mostrar con cuanta plata se puede comprar comida en el supermercado en Barcelona. Adicionalmente voy a publicar un par de imágenes de dos restaurantes por los que pasamos y precios de algunos artículos básicos para bebés. Si bien los precios son de hace algunos meses, la no inflación de España hace que seguramente si vamos hoy encontremos los mismos valores. Como referencia, actualmente, y recordemos que esto es algo sumamente variable, el Euro en Argentina cotiza cerca de los AR$ 50. Valor redondo que voy a considerar para facilitar el post.
Los supermercados «relevados» fueron el Mercadona ubicado frente a la Rambla del Poblenou y otro de la cadena Lidl que estaba también ahí cerca. También incluyo un par de precios tomados del Mercado de Santa Catarina en el centro de la ciudad.



En lineas generales puedo decir que si uno se aloja en un departamento o casa con cocina y compra comida en el supermercado como lo haría cualquier barcelonés, no es caro vivir en esta ciudad unos días. El precio será casi igual o sensiblemente mayor que si compráramos en Buenos Aires. Quizás (seguramente) no vamos a darnos ciertos lujos, pero para pasar 4 o 5 días en la ciudad estaremos más que bien.
Que no se mal entienda. Ir a una ciudad como Barcelona, o cualquier otra, de vacaciones y comer de esta forma no implica que se va a cumplir el «gasto lo mismo que en casa». Me parece imposible gastar lo mismo que en casa yéndose de vacaciones. Sin embargo también creo que uno puede viajar sin ir a comer a restaurantes y bajar notablemente el presupuesto vacacional. Algo que en esta época es muy importante si vivís en Argentina.





), ambos por menos de € 2.






































La compra del pasaje demandó bastante tiempo, porque venia monitoreando los precios todos los días. A veces era caro, después bajaba, después volvía a bajar, después subía…Y así durante semanas y semanas. Cuando tuve mas o menos claro cual era el rango de precios en el que se movía, esperé a una oferta mas o menos buena. Y cuando finalmente apareció, zas, ahí tenía mis pasajes. Me parece importante hacer este seguimiento en los precios con anticipación para conocer mejor que precios podemos esperar, cuales son caros y cuales baratos.

El día del vuelo llegamos al aeropuerto de El Prat en Barcelona en taxi desde el hotel donde nos alojamos en la ciudad, el cual por cierto nos cobró 25 euros por el viaje. Los mostradores de checkin aun no estaban abiertos pero ya había algunas personas en la fila. Nosotros teníamos acceso prioritario, así que esperamos tranquilos.

El check in se hizo bastante rápido e ingresamos al sector de embarques donde aprovechamos para tomar algo, ya que saliendo del hotel a las 06:30 am. no habíamos desayunado nada. Pensamos ir al Burguer King, pero increíblemente no tenían nada que pueda considerarse desayuno, solo hamburguesas. Y si, había gente comiéndolas a las 8:00 am.
El vuelo de Wizz estaba anunciado para las 09:35, pero la hora se acercaba y el avión aun no había llegado a la manga. De hecho, media hora antes, había un avión de Ryanair embarcando. Claramente las cosas se iban a demorar.

Cerca de la hora a la que debíamos estar despegando se anuncia un cambio en la puerta de embarque y nos tuvimos que trasladar al piso inferior porque el avión se encontraba en posición remota. Esto trajo aparejado una espera adicional de unos 20 minutos para que llegue el bus que nos iba a trasladar, pero como ibamos con un bebé, nos hicieron subir primero al mencionado bus. Mal por la demora y el cambio de puerta, bien por la posición remota que siempre es buena oportunidad para ver aviones y sacarles fotos.

No recuerdo si el avión de Wizz era un A320 o un A321. Debería haberle prestado mas atención al detalle. Como mencioné antes, la posición remota me gusta porque te ubica frente a frente al avión y te permite apreciar toda esa majestuosidad de la ingeniería. En general, aunque llegue primero, siempre termino subiendo último por quedarme sacando fotos o simplemente mirando.


En Barcelona había llovido por la noche y el cielo estaba cubierto, pero apenas despegamos las nubes quedaron atrás y el vuelo fue muy tranquilo.
Algo que me resultó particularmente curioso durante el inicio del vuelo y no está relacionado con el mismo es un singular cambio de color en el Mediterráneo frente a las costas de Barcelona. En el video que adjunto se aprecia una «frontera» muy marcada entre lo que parecen ser dos aguas distintas. Como si fuese la desembocadura de un río. No pude encontrar información al respecto porque si bien hay un río en esa zona, no parece ser el causante de este fenómeno.
En este viaje tuve una usurpación de mi lugar natural dentro de un avión, es decir la ventana. Thomy quiso sentarse allí y obviamente no me pude negar, pero nunca imaginé que, lejos de disfrutar la vista, se iba a dormir a los 10 minutos de despegar. Esta situación sentaría precedentes para impedirle futuras usurpaciones.
Al rato de despegar la tripulación pasó a ofrecer bebidas y snacks, todo de pago, pero no consumimos nada. Si bien se habla mucho de las low cost y muchas veces no demasiado bien, la verdad es que no veo diferencias sustanciales en servicio con las aerolíneas tradicionales. Este vuelo de Wizz no tuvo diferencias con el de Iberia entre Madrid y Barcelona o el de Lufthansa entre Frankfurt y Londres en su momento. Solo podría decir que en este último nos dieron un pequeño snack sin cargo, pero ¿sólo por eso puedo decir que «se viaja mejor»?.

El espacio entre asientos es normal, si bien con mi metro setenta y monedas no tengo grandes requerimientos de espacio, las rodillas estaban lejos del asiento de adelante. Los asientos son delgados y no demasiado mullidos, eso si, pero es algo que pasa cada vez mas en cualquier aerolínea.
En semanas previas a este vuelo había consultado la ruta que íbamos a hacer en Flightradar24, algo que siempre hago porque en parte es lo que motiva la elección de determinado asiento (tal como expliqué en este post). El vuelo de Wizz pasaría relativamente cerca del pueblo de mi abuelo en Eslovenia, Črniče, entonces imaginé que, quizás, podría llegar a verlo desde al aire.

Parece algo muy loco, pero lo cierto es que en zonas rurales los pueblos se aprecian bastante bien y mas aun si tenemos clara su estructura urbana y contamos con un GPS que nos indique por dónde estamos pasando. Con este propósito el asiento a elegir tenia que estar del lado derecho del avión. Adicionalmente quería tener una visión parcial al menos del motor del avión. ¿Por que? Bueno, porque si. Reservé entonces los tres asientos de la fila 9 a la derecha (9D, 9E y 9F).

Solo quedaba esperar el momento de pasar por Eslovenia, aunque no tuve algo en cuenta. Nos habíamos despertado muy temprano, a las 05:00 am, y después de dormir solo unas 4 horas, estábamos cansados y todo el movimiento con los chicos es estresante así que lisa y llanamente me quedé dormido. Cuando me desperté agarré desesperado el celular y me fije en el GPS, ya estábamos ingresando a territorio húngaro. Quizás estaba nublado en Eslovenia o quizás de cualquier forma no hubiese podido ver nada, pero aun así me odié un montón.


Ingresamos al área de Budapest volando por el sur y luego virando hacia el norte para finalmente aterrizar en la pista 31R del aeropuerto Ferenc Liszt (tranqui, en ese momento ni idea que pista era, me fijé ahora solo a fines de este post y que parezca que la tengo clara con el mundo de la aviación 
). El vuelo concluyó tan bien como transcurrió. Insisto en que tanto el servicio como el avión en si mismo no son sustancialmente distintos que los de una aerolínea considerada «tradicional».

El aeropuerto de Budapest es muy chico o, mejor dicho y en mi opinión, tuvo un crecimiento que no fue acompañado por su infraestructura. Nuestro avión quedó en una posición remota pero no había ningún bus esperando para llevarnos a la terminal, el trayecto se hace caminando bajo una suerte de galería hecha de una estructura metálica con la cual también se construyó una pequeña terminal. Una terminal que le robó espacio a la plataforma donde en algún momento había aviones. En el piso de esa terminal siguen pintadas las delineaciones de la pista.

Una vez dentro de la terminal principal del aeropuerto mi sensación es que las cosas no cambian demasiado, la cinta de equipaje es la mas chica en longitud de las que alguna vez vi en un aeropuerto. Mas chica aun que la del aeropuerto de Lamezia Terme en Calabria, que maneja seis veces menos trafico de pasajeros. El mismo sector de recepción de equipaje es chico y pide un lavado de cara con urgencia.

Algo que me molestó del aeropuerto es que los carros para transportar equipaje no sean gratuitos, sea con efectivo o con tarjeta, hay que pagarlos.


Recordemos que nos estábamos moviendo dentro del área Schengen, así que no fue necesario pasar por migraciones ni hacer ningún tramite, es hermoso viajar de esa forma. Así que recogido nuestro equipaje nos dirigimos al mostrador de las rentadoras de autos a retirar nuestro vehículo para luego adentrarnos en tierras húngaras.

Esto último hizo que me centrara en buscar a través de Despegar.com, que es el único con quien es posible canjear puntos SuperClub por hoteles, vuelos, etc. Como siempre en estos casos, la búsqueda incluye revisar todos los días para ver si aparecen nuevas opciones o si hay variaciones de precios. En el caso de los hoteles no, no hubo variaciones de precios mas allá de las obvias debido a las variaciones del dolar.
Vale decir que en el medio del proceso de compra, pero antes de haber pagado, el dolar en Argentina sufrió su primer devaluación del 2018, pasando de alrededor de $ 19 por dolar a unos $ 25 por dolar si no recuerdo mal. Esto provocó que el hotel aumentara repentinamente y me hizo tomar impulso para hacer el canje lo antes posible.
Finalmente el canje de puntos me permitió ahorrar casi un 50% en el valor del hotel y el saldo lo pude pagar en 12 cuotas sin interés. Podría decir que la acumulación de puntos dió sus frutos y es realmente conveniente para utilizarlos en viajes.

La idea con el hotel fue ir a un lugar medianamente aceptable, considerando que íbamos con dos chicos, y que esté cerca del centro de la ciudad.
A continuación mi crítica sobre el hotel.
Web: https://www.ihg.com/holidayinnexpress/hotels/us/es/barcelona/bcnba/hoteldetail
Direccion: Carrer de Pallars, 203, 08005 Barcelona
Seis días en agosto de 2018. Habitación triple (cama queen size y sofá cama bastante amplio) con desayuno. u$s 140 por noche, de los cuales la mitad los pagamos con puntos SuperClub.
El hotel se encuentra a unos 300 metros de la estación Llacuna de la línea 4 (amarilla) del metro y a 100 metros de la Rambla del Poblenou. Desde este último lugar, y a otros 800 metros, llegamos a la playa, específicamente la Playa de Bogatell.
Del Barrio Gótico nos separan apenas 4 estaciones desde Llacuna, que son Bogatell, Ciutadella Villa Olimpica, Barceloneta y Jaume I, donde bajamos en pleno centro histórico de Barcelona. Una estación más y estamos en Plaza de Cataluña, desde dónde salen y llegan los Aerobuses que conectan con el aeropuerto de El Prat.
En un radio de 400 metros del hotel hay al menos 3 o 4 supermercados, ademas de restaurantes, bares, etc. La ubicación en lineas generales es muy buena, el barrio es tranquilo pero tiene buenas conexiones y servicios.
En el precio está incluído el wifi, desayuno y poco más. No hay servicios extra como pileta, sauna ni nada de eso. En el lobby hay un area amplia con sillones y un par de computadoras con impresoras para acceder a internet y/o eventualmente imprimir algo que haga falta, para utilizarlas hay que pagar aparte. Tambien en el lobby hay maquinas de bebidas frias, gaseosas y agua, obviamente no incluídas en el costo del hotel.

El edificio en general está bien mantenido, desde la calle se accede a una hall desde el cual, o bien por escalera o bien por ascensor, hay que ir al primer piso donde se encuentra la recepción del hotel. En esa misma planta se encuentra el salón donde se sirve el desayuno.
No tengo mucho para aportar al respecto, el trato que tuvimos fue poco pero siempre amable.
Estábamos en una habitación ubicada en la planta baja del hotel (que recordemos corresponde a un primer piso porque a esa altura comienza el hotel). Esta habitación daba a un gran patio, un área común del edificio en el que nos encontrábamos. Uno solo de los días en que estuvimos hubo algo de ruido en ese sector por la mañana, desconozco qué era pero nos llegó a despertar.


La habitación estaba bien en lineas generales. Suficientemente amplia y con espacio para desparramar el equipaje. Tenía un cama tamaño «queen» y otra que era un sofa cama apto para dos personas que no fuesen demasiado grandes. Esta última no era tan comoda como la cama principal, pero igual se podía dormir sin mayor problema.
Desde la habitación se podía manejar la temperatura en forma individual, algo que se agradece mucho. Aunque tampoco era demasiado calurosa, aun considerando que las temperaturas diarias superaban los 30°C habitualmente.

Teníamos televisor, por supuesto, caja fuerte, armarios, secador de pelo e incluso una pava eléctrica con sobres de café y te. Algo criticable es la ausencia de la mini heladera, un elemento que en mi opinión es fundamental y que elegiría siempre por sobre el televisor, el cual jamas utilizo. La heladera nos hubiese resultado de gran utilidad para guardar la leche para Thiago y cosas que uno compra y necesitan frio, o simplemente para tener agua fresca por la noche.

El baño era correcto, limpio y suficientemente amplio. Tenía bañadera y la ducha tenia una regulación por temperatura, es decir que una vez puesta la llave de control en un lugar determinado solo había que abrir el agua y esta saldría a la temperatura deseada. Estos dispositivos son algo bastante común en Europa y, si bien se consiguen en Argentina, su precio es un poco elevado. Pero es algo que pondría en mi casa definitivamente.
No tengo mayores críticas a la habitación, salvo la de la falta de heladera. Fue suficientemente cómoda para nuestra estadía.
El desayuno estaba incluído en el precio y se sirve en el salón ubicado a un lado de la recepción. Un lugar bastante grande pero que, aun así, requiere esperar a que se libere lugar si uno llega después de las 9:00 de la mañana.

El servicio es del tipo continental con una variedad bastante amplia de bebidas, infusiones, mermeladas, jamón, queso, manteca, cereales, frutas, panes y panificados varios. Las bebidas se sirven desde maquinas dispensadoras de café, té, chocolatada, etc.

Esto último es algo que no me gustó demasiado. Tomó café con leche habitualmente y prefiero tener el café preparado y la leche por otro lado para servirme. El de la maquina no era taaaan bueno. Sin embargo es un detalle que no opaca lo bueno del desayuno en general.

Hago hincapié en el horario porque a partir de las 9:30 de la mañana principalmente se junta mucha gente en el salón. Es mas cómodo levantarse apenas unos minutos antes y desayunar mas tranquilo y con menos gente alrededor.

Mas allá del desayuno, el hotel no tiene restaurante. Tampoco recuerdo haber visto algún tipo de servicio de comidas a la habitación propio del hotel, aunque no descarto que pueda existir. A un par de metros del ingreso al hotel hay un restaurante con precios muy accesibles, tanto para desayunar como para almorzar o cenar.
Lo bueno:
-La relación precio/calidad resultó muy buena. Barcelona es caro.
-La habitación fue cómoda para nuestra estadía de 6 días.
-Había wifi gratuito con buen alcance en todo el hotel.
-Buen desayuno que permite incluso hacerse un par de sandwichitos para el mediodía .
-El precio era bueno considerando la zona y el tipo de alojamiento.
-La ubicación era buena. A 100 metros de la Rambla del Poblenou con su zona comercial, 800 metros de la playa y 300 metros de la estación de metro. Además la zona es muy tranquila.
-En la recepción hay computadoras con impresoras para utilizar (pero se pagan aparte).
Lo malo:
-La falta de heladera en la habitación me parece terrible. La solución parcial a este problema sería llevar una botella térmica.

Veredicto: Siendo Barcelona un destino caro para alojarse, este hotel resultó ser uno de los mas baratos que encontré con calidad mas que aceptable. Encontramos acá lo que estábamos buscando, ubicación cómoda, precio accesible, desayuno y un lugar confortable para dormir. Sin dudas para recomendar.
Para quién si:
Quienes buscan una buena relación costo/beneficio con un ojo puesto en el precio bajo. Quienes no tienen problemas en viajar 20 minutos al centro de la ciudad en transporte público. Quienes no quieran estar en una zona extremadamente céntrica con lo que eso implica para bien y para mal.
Para quién no:
Turistas en busca de un alojamiento con mas servicios o de mayor categoría y amplitud. Familias que busquen economía a la hora de comer, porque acá si o si hay que comer afuera (no hay posibilidad de cocinar uno mismo).
Créditos:
Imagen de portada: Google Street View
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