La segunda etapa de nuestro viaje hacia parte del Noroeste Argentino, que comenzó brevemente en Villa Carlos Paz a manera de parada técnica (con crítica al hotel donde nos alojamos incluida), continuó en La Rioja con el plan de visitar los Parques Talampaya e Ischigualasto.
Desde Villa Carlos Paz viajamos los 500 km que nos separaban de nuestro destino que sería el pequeño poblado de Pagancillo, a unos 20 km de Villa Unión y otro tanto del ingreso al Parque Nacional Talampaya.
La idea de alojarnos en este lugar surgió, por supuesto, de mí y mi búsqueda por los lugares mas bien alejados del bullicio. Desolados. Pagancillo no es realmente un lugar desolado, aunque si bien tiene algo menos de 1000 habitantes, la vida acá parece tener el condimento de paz y tranquilidad que yo buscaba.
No es muy difícil encontrar alojamiento en Pagancillo. Principalmente porque no hay mucho, entonces las pocas opciones se evalúan rápidamente. Tripadvisor, mi centro de verificación de alojamientos de cabecera, ni siquiera registra a Pagancillo como destino. Así que la búsqueda la hice directamente por Google. Por suerte había comentarios en Google Maps acerca de los alojamientos del lugar.
Luego de consultar el precio por mail, simplemente confirmé la reserva con la Posada Talampaya.
A continuación la crítica de este hotel/posada. No pude publicarla en Tripadvisor por el motivo que indiqué antes, Pagancillo no aparece como destino.
Alojamiento contratado:
Habitación triple (dos adultos y 1 bebe) con desayuno a $ 700 (u$s 46 aproximadamente).
Ubicación:
La posada se encuentra bien ubicado, a metros de de la ruta 150 que cruza Pagancillo y el Parque Talampaya. No está dentro del pueblo, si no en los límites del mismo. Después de la posada no hay nada. Literalmente. Tuve la curiosidad de hacer una revisión en Google Maps acerca de esto último. Parándonos en la puerta de ingreso a la posada, si caminamos hacia el este, pasarán unos 50 km hasta llegar a la ruta 40 cerca de Guandacol y luego vendrán Los Andes, Chile y el Pacífico. Si en cambio empezamos a caminar hacia el norte, llegaremos hasta Bolivia antes de encontrar otro pueblo. Es justo el tipo de lugar donde me gusta quedarme, lejos de todo.
Volviendo a la ubicación, el ingreso a Pagancillo se halla a unos 300 metros de la posada y para llegar a la plaza principal hay que recorrer otros 600 metros.
Muy cerca tenemos el restaurante «El Diego«, casi enfrente, por si no se quiere caminar hasta el centro del pueblo.
En un lugar tan pequeño como Pagancillo es difícil decir si la ubicación es buena o mala. Todo está muy cerca. En mi opinión, en el caso de la Posada Talampaya, la ubicación es buena por estar a metros de la ruta, en la periferia del pueblo (lo que implica poca contaminación lumínica para ver el cielo estrellado de noche) y con el paisaje de montañas de fondo que se aprecia apenas saliendo.
El punto a considerar respecto de la ubicación es la posición respecto de los Parques Talampaya e Ischigualasto, para lo cual ya hice este post.
Servicios:
Se accede a la posada a través de un salón grande, que oficia de estar/salon de TV y salón de desayuno. Se puede traer comida y comer acá mismo, o merendar también. No hay muchos mas servicios que el de alojamiento. En el precio de la habitación está incluido el wifi, que funciona muy bien teniendo en cuenta en el lugar geográfico en que estamos.
En el exterior hay una zona con techo para dejar el auto, aunque al estar hecho de cañas solo proteje del sol y no de una eventual lluvia.
No parece haber tarjetas de crédito. El pago de la reserva lo hicimos por transferencia bancaria y el saldo en efectivo.

Atención del personal:
Nos contactamos por mail con el dueño, Mario Olmo, y luego él mismo nos atendió al llegar. El trato fue excelente, una persona muy amable.
Habitaciones:
Reservamos una habitación triple, pero al llegar estábamos nosotros solos y nos ofrecieron la posibilidad de quedarnos en una cuádruple por el mismo precio. La ventaja es que podíamos usar la cama sobrante para poner las mochilas.

La habitación era cómoda en cuanto a distribución a pesar de ser mas bien chica, y tenía baño privado. No había placard, únicamente un perchero. El baño también era correcto y todo el conjunto se veía limpio.

Había aire acondicionado, pero a pesar del calor que hacía durante el día en el exterior no fue necesario usarlo.
Dentro de la habitación no hay televisión, solamente en el salón donde se sirve el desayuno. El alcance del wifi en la habitación es bueno.
Comida:
Como mencioné antes, el desayuno se sirve en el salón que hace las veces de recepción. No es tipo buffet, si no que una persona que trabaja en la posada trae a la mesa todo y la elección es únicamente sobre la bebida (té, café, etc.). El día anterior hay que indicar aproximadamente a que hora se quiere desayunar y, al llegar, la mesa ya está servida.

El desayuno se compone de pan, manteca y mermeladas y jugo de naranja (no exprimido). Si bien es sencillo, está bien presentado y tampoco nos quedamos con hambre.
Aunque no hacen comidas, uno puede comprar afuera (hay algunos lugares en Pagancillo para comprar comida) y traerla para comer dentro de la posada.

Lo bueno:
-La ubicación es muy buena, en la periferia del pueblo y con buen acceso a la ruta.
-El precio fue de lo mas económico que hemos pagado alguna vez.
-La habitación es cómoda para pasar mas de un día.
Lo malo:
-No hay casi nada para criticar. Quizás la posibilidad de agregar algo extra al desayuno, pero no es nada particularmente importante.
Veredicto: Fue buena la elección de quedarnos en Pagancillo y particularmente en la Posada Talampaya. Pagamos un precio muy económico y el servicio fue bueno.
Para quién si:
los que buscan lugares sencillos, lejos del ruido, sin estridencias. Los que quieren estar más cerca de la naturaleza y de la gente del lugar sin sentirse «tan turista».
Para quién no:
los que buscan mayores comodidades típicas de hotel de 2 o 3 estrellas para arriba como pileta, desayunos continentales o gourmet, camas king, lobbys lujosos. Quienes no quieren estar lejos de un centro urbano importante y tampoco quieran alejarse del asfalto.