Bueno, vamos a lo nuestro. En una semana de mucho locro, como es la semana del 25 de mayo en Argentina, el supermercado se lleno de paquetes de garbanzos, así que aproveché y compré uno aunque no para hacer locro, que no me gusta, si no para hacer hummus. Si nunca lo probaste yo recomendaría comprarlo hecho en algún lugar donde lo hagan bien (por ejemplo los dos lugares que mencioné mas arriba). La idea es que al hacerlo tengas una referencia de cómo debe quedar. Y sin mas preámbulo acá vamos con la receta.
Ingredientes:
Preparación:

La preparación es sumamente sencilla. Dejamos los garbanzos en remojo de un día para otro y luego los cocinamos hasta que estén tiernos.
Una vez que están bien cocidos los colamos y los procesamos usando un mixer, licuadora o lo que tengan a mano. No tiren el agua de cocción, parte de esa agua la agregamos al proceso de mixeado para que se forme una pasta y no quede todo seco. Lo importante es que el resultado sea una crema untuosa.

Para favorecer esa untuosidad agregamos el aceite de oliva y todos los demás ingredientes y procesamos/mixeamos nuevamente. Aunque mi recomendación, sobre todo para la primera vez, es completar las cantidades de ingredientes a medida que probamos y le encontramos el gusto perfecto.

Y así, sin más, ya tenemos nuestro hummus listo para comer. ¿Cómo se come? en el restaurante Sarkis lo sirven (o lo servían, no se ahora, hace varios años que no voy) en un plato y colocado en forma de aro con aceite de oliva y pimentón espolvoreado. Y desde ahí se come juntándolo con pan (árabe, por supuesto) tibio. 

El hummus es muy barato de hacer, salvo por el tahine. Este producto es una pasta hecha con semillas de sésamo y es un ingrediente clave del hummus, aunque no tan barato como todo lo demás. Se consigue en dietéticas.

Bueno, espero que lo puedan preparar y les salga rico. Para mas recetas del mundo (una sola más en realidad), pueden pasar por mi receta para este postre tradicional esloveno, la potica.
Créditos:
Foto de portada: Christopher Bulle
]]>Ellos nacidos en Eslovenia, ellas nacidas en Italia, no hay que pensar demasiado para entender que las comidas de fin de año eran netamente de origen Europeo. Claro, había asado, pero el toque europeo siempre estaba.
Particularmente a la hora de los dulces, habia uno que nunca me gustaba. Una masa enrollada rellena con una especie de crema de nueces muy típica en Eslovenia, la «potica» (que se lee «potitza» o «potizza», con la pronunciación de la «pizza»). El paladar infantil en general acepta poco los sabores extraños fuera del helado, el chocolate y el dulce de leche. No era esta la excepción.
Pasaron los años y como en tantas familias se fue perdiendo la iniciativa de las grandes reuniones. Y con esa perdida dejó de estar presente en nuestra mesa la potica. La verdad es que nunca la extrañé.
Muchos años mas adelante, algunas de esas personas que participaban de los fines de año de mi infancia ya no están. Mi abuelo es una de esas personas. Y de alguna forma tenia ganas de volver a probar ese «postre» que nunca me gustó pero que es muy simbólico de la época, de Eslovenia y de aquellas navidades y años nuevos.
Este año decidí poner manos a la masa y preparar una. Por ser la primera vez salió muy bien y un poco por eso quiero compartir la receta para quien quiera probarla. Si bien hay muchas posibilidades a la hora de elegir el relleno, yo hice la variante de nueces que es la que a continuación muestro y que tomé originalmente del sitio https://www.slovenia.info…
Mezclamos la levadura con 3 o 4 cucharas de harina, una cucharadita de azúcar y 50 cm3 de agua natural o leche. Una vez homogeneizado lo cubrimos con un film, plástico o repasador y lo dejamos levar en un lugar cálido.
En un bowl colocamos la harina, los huevos batidos, la manteca derretida y la mezcla de levadura del paso anterior, que a esta altura ya debería haber crecido. Mezclamos y añadimos paulatinamente la leche. Luego amasamos en la mesada enharinada hasta conseguir una masa homogénea.
Colocamos esa masa nuevamente en el bowl, lo tapamos con film y a esperar que leve.
Mientras esperamos que la masa crezca preparamos el relleno. Trituramos o picamos o desmenuzamos las nueces hasta que queden trozos bien chicos (atención, no polvo).
Esas nueces trituradas las colocamos en una cacerola sobre el fuego y agregamos la leche. Por otro lado calentamos un poco la miel para que quede bien líquida y luego la agregamos también a las nueces junto con el azúcar. En este punto podemos agregar canela a gusto (yo puse aproximadamente 1 cuchara grande al ras, pero podría haber puesto mas y quizás quedaba mejor).
Revolvemos la mezcla y sacamos del fuego y cuando se enfríe un poco le agregamos el huevo, previamente batido.
Volvemos a la masa que ya levó hasta duplicar (o mas aún) su volumen.
La estiramos sobre la mesada previamente enharinada intentando darle una forma mas o menos rectangular. El grosor de la masa debería ser medio centímetro o menos, ya que después vuelve a crecer.
Sobre la masa estirada esparcimos el relleno en forma pareja.
Puede pasar en este momento que nos demos cuenta que la cantidad de nueces no era suficiente. No importa. Recortamos los sobrantes de masa y, de paso, le damos la forma rectangular que antes no logramos.
¿La tiramos la masa que recortamos? ¡¡De ninguna forma!! La estiramos y aprovechando esa manzana que se ve en una de las fotos y la canela, hacemos un strudel. ¿Que la masa no es la que corresponde? En este caso no nos preocupa demasiado.
Volviendo a la potica, una vez colocado el relleno comenzamos a enrollar asegurándonos de que la masa quede bien apretada y no floja. Terminado el rollo lo colocamos en una placa de horno aceitada y lo dejamos tapado para que leve un poco más.
Luego de unos minutos, que en mi caso fueron unos 15/20, llamamos a nuestro ayudante para que pinte la potica con huevo previo a llevarla a horno medio durante unos 50 minutos.
Y ahora si, el producto terminado y recién salido del horno.
Y acá en los momentos previos a ser saboreada en la noche de Navidad.
No es para nada difícil de hacer y, si bien sigue sin gustarme demasiado, la comí con muchas mas ganas que cuando era chico.
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