
En ciertos años, algunas zonas del desierto reciben inusuales lluvias. Incluso llueve mas en un día que en todo el año o varios años anteriores. Y el agua funciona como un despertador para la vida que pacientemente esperaba adormecida.

Así, el desierto se encontró con un paisaje inusual. Campos de flores donde siempre hubo polvo y piedras.
Lo que ocurre es que las semillas están bajo el terreno en estado latente, esperando el agua que les permita germinar y crecer para, luego, esparcir nuevas semillas que continúen el ciclo de la naturaleza.

Un espectáculo único que no muchas personas tienen oportunidad de presenciar.
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